miércoles, 23 de diciembre de 2015

Análisis de 'El Cultural'

Pocas publicaciones hay tan inamovibles y rígidas a lo largo de su historia como la revista El cultural. Ni la crisis del papel, ni la del periodismo en general han variado lo más mínimo el formato, los contenidos o la distribución de esta revista especializada en cultura y dirigida a un público especializado que busca críticos y líderes de opinión con buena pluma que analice el panorama cultural de forma semanal (también recoge temas que pertenecen a la ciencia, pero, tal y como defienden desde la publicación, la ciencia es parte de la cultura). Uno de los signos de esta línea continuista que se aleja, hasta el momento, de los cambios, es el hecho de que tanto su presidente, Luis María Ansón, como su directora, Blanca Berasátegui, sigan siendo los mismos desde su lanzamiento en el año 1998. El cultural nació como lo que sigue siendo hoy en día, un suplemento de un periódico generalista, sin embargo, debido a sus caracteristicas, no se puede afirmar que se trate de un suplemento al uso: en primer lugar, porque los suplementos son "fieles" a sus periódicos, es decir, nacen como un brazo más de la publicación generalista, cuyo propósito es cubrir de forma especializada un determinado sector de la información, en este caso la cultura; esta publicación nació ligada a La Rrazón, periódico que en aquel momento era dirigido por el propio Luis María Ansón; sin embargo, un año después de su lanzamiento, la revista dejó de ser distribuida con La Razón para pasar a formar parte de Unidad Editorial y distribuirse de forma conjunta, como suplemento, con el diario El Mundo, relación que se mantiene en la actualidad. Sin embargo, si analizamos y profundizamos en los contenidos de El cultural y lo comparamos con otros suplementos de otros diarios, como Babelia, el suplemento cultural del El País, podremos comprobar que estamos ante dos publicaciones diferentes en lo que se refiere a sus relaciones con su madre nodriza, el periódico generalista con el que se distribuyen. Babelia no tiene página web propia, sino que tiene una sección dentro de la página web del periódico, mientras que El cultural tiene página propia e independiente de El Mundo; además, los contenidos del suplemento del El País suelen estar realizados por redactores que también escriben en la sección de Cultura del Periódico, mientras que a uno de los pocos colaboradores (tampoco tan habituales) que podemos ver entre las páginas de El Mundo y de El cultural al mismo tiempo es Arcadi Espada (quizá me dejo alguno, pero no suele ser lo habitual).


Fiel a su línea, El cultural no ha variado la forma de tratar y catalogar sus contenidos, es decir, mantiene su estructura o esqueleto desde prácticamente su nacimiento: tiene un apartado denominado Letras, donde trata todo lo relacionado con el mundo de la literatura, el periodismo cultural, los ensayos, etc; otro, Arte, donde caben la pintura, la escultura, exposiciones y todas las formas que puedan presentar las artes plásticas; Escenarios agrupa toda la información y crítica teatral, musical y relacionada con el espectáculo; mientras que en Cine podemos encontrar todo tipo de críticas y reportajes, de actualidad o atemporales, sobre el séptimo arte. Además de las secciones temáticas, la revista que preside Luis María Ansón tiene varias secciones habituales que no tienen que ver con sectores o ramas de la cultura: Primera palabra es una reflexión, en la primera página de la revista, que el propio Luis María Ansón hace sobre un determinado tema relacionado con la cultura (opinión sobre algún escritor o periodista, crítica hacia las decisiones de la RAE, o incluso algún patrocinio desinteresado de empresas o iniciativas promotoras de cultura); Entre dos aguas es la sección de la revista dirigida a la ciencia, donde escribe, de forma exclusiva, José Manuel Sánchez Ron, mientras que Inteligencia ajena, sección de Gonzalo Torné, está dedicada a analizar aspectos culturales en internet, con especial atención a las redes sociales. Estas dos últimas secciones, Inteligencia ajena y Entre dos aguas, son la principal novedad de una revista, como decía, bastante rígida. Esto es lo último, colocada en la última página, es la sección de entrevistas de la revista. El Cultural cuenta con un amplio elenco de críticos y redactores (Fernando Díaz de Quijano, Alberto Ojeda, ángel Basanta, Juan Avilés, Saioa Camarzana, Rafael Narbona, Luis Ribot) que llenan sus páginas cada semana. Además, desde el año 2007, la revista otorga el Premio Valle-Inclán, galardón destinado a los mejores profesionales del teatro madrileño. 


viernes, 18 de diciembre de 2015

El 'Grito' de Munch, y ya

El grito de Munch: una de las pinturas más reconocidas de la historia del arte contemporáneo, una de las obras cumbres que marcó el camino de la vanguardia y también una de las grandes precursoras de lo que algunos años después se conocería como expresionismo. Pubertad: otra de las obras de Munch que contiene exactamente las mismas características que El grito, Madonna, o Vampiro. Lo único que diferencia estas últimas pinturas de la cara desfigurada del hombre que grita de angustia en un puente es que cuando oímos su nombre, se forma en nuestra mente exactamente la forma de un hombre que grita de angustia en un puente. Seguramente con Madonna no se nos venga a la cabeza con tanta facilidad la figura de una mujer cadavérica rodeada por espermatozoides asesinos (quizá no se nos venga nada a la cabeza); o con Pubertad, la imagen de una niña sentada sobre una cama con sus brazos, kilómetricos y desproporcionados, tapando su sexo, y cuya propia sombra la acecha mostrando su propio lado oscuro. Esto no se debe a ninguna enfermedad, ni siquiera a la ignorancia, sino que se debe a otro mal: el imaginario colectivo. Cuán selectivo es este imaginario y cuántas grandes obras deja a las puertas de la gloria que otorga su recuerdo para la posteridad.

Munch pertenece al no tan selecto club de los autores conocidos por una sola obra. Es cierto que en el caso del pintor noruego esto se cumple con precisión, es decir, de Munch normalmente sólo se conoce El grito, pero el imaginario colectivo también hace mella en otros grandes artistas. El David de Miguel Ángel (considerado por muchos el mejor artista de todos los tiempos) no tiene la misma repercusión que La creación de Adán u otros frescos que el artista pintó en la Capilla sixtina; sin duda esta obra es mucho más reconocible que las "secundarias" de Munch, pero no son tan populares como David. Tampoco conocemos a Da Vinci por los paisajes que pintó del Valle del Arno, sino que su figura se asocia a la de la Gioconda o a La última cena. Sin embargo, aunque el imaginario colectivo haya alcanzado a Munch y, en cierta medida, a otras obras de grandes pintores y artistas, existen categorías inferiores dentro de la pirámide de la popularidad a la que el imaginario colectivo ha relegado a otros artistas, con los que sí se ha cebado. Ensor es el compañero de viaje de Munch, el otro gran precursor del impresionismo, el artista que pintaba esqueletos y cuya misoginia era casi tan patente como la oscuridad de sus temas. Y qué decir de Egon Schiele, el otro gran pintor, junto a Munch, cuyos problemas psicológios (especialmente su visión del sexo y la sexualidad) dieron grandes obras del expresionismo. Ninguno de estos dos artistas tienen una obra popular, reconocible, a través de la que se los pueda identificar; sobra, por supuesto, su comparación, en términos de identificación, con Miguel Ángel o Da Vinci. Así es el imaginario colectivo y su justicia, no podía ser que todos destacaran, sino todas las exposiciones tendrían el mismo precio y sería muy difícil distinguir las buenas obras de las malas (la crítica artística tiene muchos tics del imaginario colectivo).


Los arquetipos de Munch, expuestos en el Museo Thyssen de Madrid, recogen la vida del artista; no digo su obra, dado que, en el caso de Munch, vida y obra van de la mano. Es un precursor del expresionismo porque supo exteriorizar, materializar y convertir en pintura su pulsión interior, sus percepciones de la vida. Por eso es tan bueno (por eso y porque era negativo y depresivo, y todos sabemos que las malas noticias se leen más que las buenas). Ir a ver una exposición de Munch no sólo sirve para conocer lo que hay más allá de su Grito, sino también para comprender a un artista que no podía expresar su angustia interior y su visión negativa de la vida a través de medios convencionales como la palabra o el llanto, pero que lo hizo a través de la pintura, regalándonos grandes obras y también sobreviviendo, como buenamente puede, a la cruel selección del imaginario colectivo. Gran artista. 


martes, 8 de diciembre de 2015

El arte, una herramienta del poder

Se ha dicho en muchas ocasiones que la cultura, donde evidentemente incluimos el arte, representa los valores, sentimientos y la esencia de un pueblo; eso aplicado a las relaciones de poder daría como resultado que la cultura es una forma de manifestación de poder; esto queda comprobado cuando observamos los orígenes más primitivos de la desigualdad (ir a un museo no sólo sirve para ver cuándo el hierro desplazó al bronce como material de construcción, sino también para ver los primeros órdenes jerárquicos y el nacimiento de las primeras élites, precedentes muy primitivos de las clases sociales actuales). En iberia, territorios que hoy en día llamamos España y Portugal, allá por el año 1.000 a.c, las neonatas élites militares de los diferentes pueblos materializaban sus diferencias sociales a través del arte que se utilizaba en los ritos funerarios. Los poderosos se eterraban en cámaras, en recipientes mortuorios decorados con símbolos, pinturas, esculturas, y grafías que los identificaban socialmente y, en muchas ocasiones, los relacionaban con divinidades (no hablemos ya de Egipto, donde lo más destacable no es que el faraón fuera considerado un dios, sino más bien los esfuerzos artísticos que se realizaban porque esto quedara bien claro cuando moría). Sin embargo, cuando los romanos, muchos años después, conquistaron a los pueblos íberos (luego hispanos), la cultura del Imperio Romano se extendió por estos territorios y los antiguos ritos funerarios y su arte quedaron marginados hasta su desaparición total. Los romanos nunca impusieron su cultura, es decir, es evidente que la Pax romana y sus leyes no eran del agrado de los pueblos hispanos, esto es, que se impusieron con violencia; sin embargo, esto no ocurrió con la cultura. Las élites hispanas quedaron maravilladas ante la cultura romana y comenzaron a vestirse y a decorar sus casas como las de los Flavios, Augustos y Titos. Más tarde, las clases populares imitaron a las élites (esto sucede porque se identifica arte con poder. En el siglo IV d.c, las élites hispanas y los romanos decoraban sus casas con mosaicos y frisos, y compraban armas con empuñaduras de oro, mientras que el pobre campesino, que podía vender sus lechugas en el mercado, intentaba ahorrar su dinero para encargar su propio friso en su casa de barro y paja, y así sentirse identificado con el poder, sentirse parte de ese poder. Bastante tiempo después, en los siglos XVIII y XIX, los ricos iban a la ópera y hacían comentarios sobre obras científicas y literarias en cafés y tertulias, mientras que el obrero sabía con certeza que haber visto cantar a un tenor significaba ser poderoso, ilustrado, burguesía, élite, o como se quiera designar, según la época y los gustos).


También podemos hablar de la creación y difusión del arte, cuyo copyright era exclusivo de la iglesia en etapas como la Edad Media (período tan largo como oscuro) y el Renacimiento; pero aún cuando la iglesia perdió algunos de estos derechos de creación y difusión de contenidos artísticos, estos no fueron a parar a las clases populares, evidentemente, sino a los monarcas europeos, que llenaron sus salones con cuadros, esculturas y miniaturas, creando, de esta manera, colecciones artísticas que dan para llenar museos de varios pisos de altura. Luego llegó la burguesía, los Medici, contratando a Miguel Ángel y haciendo de Florencia la capital cultural del mundo (antes que la cultural ya era la económica, en términos de potencial, pues estaba llena de la primera burguesía de banqueros que aspiraban a dormir con la guardia papal en la puerta y a ser bautizados como Francisco, Juan Pablo o Pío). El arte, pobrecito mío, ha sido instrumentalizado históricamente como una herramienta de distinción, de poder (militar, social, económico) y como un elemento de desigualdad; y aunque, con el paso del tiempo, se han pretendido corregir algunas "desigualdades artísticas" y dejar de jerarquizar también el arte, a lo máximo a lo que se pudo llegar, hasta hace bien poco, es a crear términos como "arte social" o "arte popular", que aparecen en los libros de historia del arte contemporáneo, en las últimas páginas, en pequeñito. En la actualidad, el arte tiene una imagen más popular y por la tele salen auténticos monumentos audiovisuales del graffiti y del ate urbano, pero los artistas cuyas obras tienen su hueco en los grandes museos tienen padrinos, y no de bautizo, con nombres y apellidos, padrinos poderosos que saben algo de relaciones, de poder y de influencia, pero quizá no tanto de arte; o quizá es lo mismo, quien sabe.


  

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Muere Vargas Llosa, muere el boom

Ayer, 2 de noviembre, murió en Madrid a los 79 años el escritor peruano Mario Vargas Llosa. El novelista y ensayista hispanoamericano está considerado como uno de los autores contemporáneos más importantes, cuya obra ha sido reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986) y el Premio Nobel de Literatura (2010). El autor deja un legado en el que se incluyen varias de las obras literarias más importantes de la contemporaneidad, como La Ciudad y los perros (1962), Conversación en la Catedral (1969) o La fiesta del chivo (2000).

Vargas Llosa, hijo único, nació en el seno de una familia de clase media en la ciudad peruana de Arequipa. Estudió en un colegio militar, situación que le marcaría y que impregnaría su primera obra, La Ciudad y los Perros, donde el autor muestra con un descarado sentido de la realidad cómo influyen en la formación y conformación de la persona, la persona adulta, todas y cada una de las experiencias vividas, a través del ejemplo de varios niños que estudian en un colegio militar regido por una agresiva disciplina propia de la época y que luego se incorporan y pasan a formar parte de la sociedad civil. Escritor contemporáneo en el mayor sentido de la palabra, capaz de beber en las fuentes y mezclar los géneros de autores tan dispares como Flaubert, William Faulkner o Gabriel García Márquez, fue uno de los defensores de la novela total y el encargado de dar el pistoletazo de salida a lo que se dio a conocer como el Boom literario latinoamericano, la etapa dorada de latinoamércia en cuanto a producción y calidad de obras literarias. Vargas Llosa también fue un maestro a la hora de describir realidades a través de historias ficticias, en su caso realidades históricas como las de su Perú natal o la de República Dominicana, esta última fielmente reflejada en la obra La fiesta del chivo, donde hace gala de su estilo fusionando elementos de la realidad recogidos en documentos históricos con otros cuya única fuente residía en su imaginación. Escritor polifacético, también se atrevió a literalizar el amor, creando, a través de su novela Travesuras de la niña mala, una versión del amor alejada del idealismo, donde el sufrimiento es parte inevitable de un sentimiento que es positivo y negativo a partes iguales.

Además de su calidad y su maestría como autor, Vargas Llosa pasará a la historia por su elegancia, sobriedad y sus buenas maneras que no le impedían hacer una crítica mordaz y, en ocasiones, agresiva hacia ideologías que no compartía. Verso político suelto entre escritores de izquierdas (era el único liberal), mantuvo una relación de admiración y animadversión hacia su mentor, amigo, enemigo y rival político y literario, Gabriel García Márquez, también fallecido. Tras la muerte de Gabo, y con la sobriedad que le caracterizaba, Vargas Llosa escribió públicamente en el diario El País sus condolencias a la familia de García Márquez, del que dijo que siempre se recordarían sus obras. La teoría de la vida eterna es más probable entre los genios que en ningún otro ámbito, ya que sus obras, las del genio literario Vagas Llosa, el detonante del Boom latinoamericano, perdurarán y harán disfrutar a todas las generaciones venideras que podrán conocer al autor a través de su literatura.


'Este es un obituario ficticio realizado como práctica para la asignatura de Periodismo especializado en ciencia y cultura'.

jueves, 26 de noviembre de 2015

La cuenta de Instagram que hizo que Renoir apestara

¿Qué pasaría si, de repente, un movimiento surgido en internet lanzase la idea de que la pintura de Goya es mala, o la de Velázquez o que la Sagrada Familia de Antoni Gaudí es una obra arquitectónica mediocre y sin gusto? Esa es la esencia de 'Renoir Sucks', un movimiento surgido en la red social Instagram que critica la pintura del impresionista Auguste Renoir con calificativos como “apestosa”, “amorfa” o “empalagosa” y reivindica la retirada de los museos de las obras del autor. Este movimiento, que ha llegado a solicitar al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que ponga una denuncia oficial contra el pintor por la poca calidad de su técnica para que sus obras sean inmediatamente retiradas de los principales museos de arte contemporáneo de América, aglutina a más de 10.000 seguidores en su cuenta. Violeta Izquierdo Expósito, doctora en Historia del Arte y profesora de Movimientos Artísticos Contemporáneos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, destaca la forma “tosca y maleducada en que este grupo hace sus reivindicaciones”, aunque admite que “sus acciones están muy bien pensadas para generar reacciones y atraer el foco de la sociedad, en especial de aquella relacionada de alguna manera con la cultura”; entre los actos reivindicativos de este grupo están las manifestaciones a las puertas de museos y galerías de arte contemporáneo sosteniendo pancartas llenas de insultos hacia la obra del artista. Izquierdo afirma que las críticas de este grupo “son muy exageradas” y que “Renoir es uno de los grandes pintores, no sólo del impresionismo, sino también de la vanguardia; es incuestionable”. Sin embargo, la experta en historia del arte admite que “la última etapa de Renoir ni pertenece al impresionismo ni está a la altura de sus mejores obras”, pero matiza que “todo artista, incluso todo movimiento, tiene un desarrollo que va desde los inicios, pasando por los mayores hitos y obras cumbres hasta llegar a la decadencia, tal y como pasó con el Rococó, que no es más que el final del Barroco”. Izquierdo también destaca la importancia de Renoir dentro del impresionismo, ya que “fue el único de los impresionistas que destacó en el tratamiento de la figura humana; Manet se fijó en el agua, Sisley en el paisaje rural y Pisarro en el urbano; Renoir aporta mucho al movimiento”. La experta concluye destacando “el riesgo que supone cuestionar a un artista de la vanguardia por su técnica, ya que precisamente la vanguardia consiste en romper con lo establecido, lo que llevó, en muchas ocasiones, a deformar la figura humana hasta llegar a la abstracción más pura” y añade que “quien critique a un artista por esto no entiende el concepto de vanguardia y, por lo tanto, la historia del arte contemporáneo”.

A pesar de que el movimiento surgido en las redes pueda parecer muy provocador hasta niveles que rozan lo obsceno, existen varios ejemplos dentro de la historia del arte que han tratado de romper con lo establecido a través de una crítica maleducada y tosca, como el Dadaísmo, donde uno de sus máximos exponentes, Marcel Duchamp, le pintó un bigote a la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci y expuso un retrete firmado como si fuera una auténtica obra de arte. En la actualidad, el Dadaísmo es considerado como una de las vanguardias más importantes del siglo XX. No se puede saber con certeza si el verdadero objetivo de 'Renoir sucks' es el de acabar con las obras del artista fuera de los museos, pero sí se puede manejar como opción el hecho de que se trate de una manifestación de arte conceptual que quizá sólo trata de comprobar las reacciones producidas al cuestionar un tema, en este caso un personaje, incuestionable, un símbolo que nunca se había puesto en duda, una de las bases inamovibles de la sociedad y de la cultura.



martes, 24 de noviembre de 2015

Sala virtual de prensa, una herramienta clave de comunicación con la prensa

Si de herramientas hay que hablar, no cabe duda de que el mayor valor que se le puede sacar a una depende directamente de su utilidad; eso es una herramienta, un medio que debe servir de utilidad para llegar a un fin. El fin del periodismo es informar, luego la fórmula sobre lo que debería ser una buena herramienta periodística viene dada: una herramienta que nos permita dar información, o bien buscar y recopilar información. Como para dar información nos servimos de una serie de medios conocidos por todos (televisión, cámaras, ordenador, micrófono, teclados, radio...) sería muy interesante centrarse en aquellas herramientas que nos sirven a los periodistas para buscar información. El buen hacer del periodista, su valor, reside en muchas ocasiones en la capacidad de buscar información fiable, confiable y de calidad ("un periodista valen lo que valen sus fuentes", dijo alguien en alguna ocasión). Sin embargo, hay que reconocer que, en la actualidad, existen una serie de herramientas que facilitan mucho la búsqueda de la información al periodista. La sala virtual de prensa es una de ellas. Hoy en día, y por mi experiencia profesional, son muchas las organizaciones que disponen de un espacio en sus páginas web donde existe un apartado dirigido a la prensa; en algunas organizaciones, ese apartado es exclusivo (como en las agencias de noticias, donde tienes que pagar para acceder al mismo, o en instituciones y organismos públicos, como el servicio de emergencias del 112, para el que necesitas estar acreditado como medio para acceder), pero en otras, como en el caso del evento Festival de Jazz de Madrid 2015, que nos servirá de ejemplo, el acceso es público y gratuito.

Sólo hace falta lanzar una primera mirada al espacio para entender su funcionamiento y comprender dónde reside su utilidad. En el caso del festival de jazz, el apartado te ofrece una serie de elementos a los que puedes acceder y que facilitan sobremanera la labor del periodista. En cuatro clicks puedes disponer del programa del evento, el cual incluye una descripción minuciosa de cada artista (desgraciadamente no todos los periodistas que escriben sobre jazz saben sobre jazz, y esto lo sabe la gente de comunicación del festival), del cartel del mismo, de fotos para acompañar las noticias y de una larga lista de las reseñas que ha tenido el festival en los diferentes medios (también nos facilita copiar); toda esta información, en cuatro clicks. Creo que el concepto de utilidad ha quedado bastante claro.


El hecho de disponer de toda una base de datos e información clasificada, organizada y categorizada de manera que su búsqueda resulta bastante fácil (y un periodista no está acostumbrado a encontrar las cosas fácilmente) constituye uno de los mayores avances del sector encargado de aglutinar todos aquellos elementos que tienen que ver con la circulación de información entre periodistas, con las fuentes, la intracomunicación. Cuando un periodista trabaja, necesita disponer de toda la información posible para completar con éxito su tarea, y, sin duda, la sala de prensa virtual es un gran avance en esta materia. Todas aquellas herramientas que faciliten la comunicación, en cualquiera de sus niveles, son una buena noticia, tanto para la profesión como para el mundo en general.
 

lunes, 16 de noviembre de 2015

New journalism

Nuevo periodismo. A pesar de lo que muchos podrían pensar no voy a hablar ni de Truman Capote, ni de Tom Wolfe ni de una nueva narrativa; pero sí voy a hablar de un nuevo modo de hacer las cosas, siendo más conciso, de un nuevo perfil profesional. Dentro del ámbito periodístico, como dicen (decimos) en el mundillo, “dentro de la profesión” , se ha instaurado una idea determinada: el cambio. Todos sabemos que las nuevas tecnologías lo han cambiado todo y también sabemos que todo sigue cambiando; sin embargo, aquel que quiera atribuirle la decadencia de la profesión periodística a un cambio de formato o de infraestructura se seguirá engañando a sí mismo, y lo que es peor, seguirá engañando al resto. Ahí está la clave, en el engaño, más que en el engaño, que suena más a pequeña trampa, a triquiñuela, la clave está en la mentira. Cientos de miles de millones de mentiras pensadas, escritas y publicadas por periodistas y otros tantos cientos de miles de situaciones donde no se ha ejercido bien la profesión.

Hoy en día está muy de moda echar la culpa del fracaso al formato, a los briefing mal elaborados, a las erróneas estrategias de mercado, a la poca innovación y a otros tantos términos que eximen de culpa a los profesionales. Es muy necesario el perfil del periodista que no sólo sepa buscar información y escribirla, sino que maneje múltiples formatos, que sea un crack en las redes sociales, que sepa vender su información, hacerla visual y procurar que el lector-oyente-telespectador, la audiencia no se aburra, que se informe en cuatro líneas y un vídeo, en un tweet de 140 caracteres o en un post de cuatro párrafos de un blog o de Facebook. No me cabe duda de que el nuevo perfil profesional que se le exige a un periodista es ese, y que si uno no se adapta, si no entra de lleno y pasa a dominar la era digital, no puede ejercer esta profesión. Es indiscutible que los cambios y avances tecnológicos han cambiado la estructura, la forma de hacer las cosas y, como he dicho, el perfil profesional. Sin embargo, aunque es evidente que aún quedan por el mundo algunos iluminados reaccionarios que confían en la máquina de escribir, las fotos en blanco y negro y la desaparición milagrosa de twitter, donde parece que todo el mundo se informa sin necesitar a un periodista, la mayoría de los medios aplican las novedades necesarias; y aplicar estas novedades requiere que las empresas periodísticas exijan a trabajadores cualificados para trabajar con la nueva estructura y, además, mi poca experiencia profesional me dice que muchos de esos periodistas ya cumplen con ese perfil.


Sin embargo, no considero que la renovación total del periodismo, que es lo mismo que la salida de su crisis particular, pase solamente por ser creativo, manejar las redes sociales, saber distribuir tu información y todas esas habilidades que requiere ese perfil. El periodismo ha defraudado y la sociedad ha dejado de confiar. Ese es el principal problema, recuperar la confianza; con confianza, serán de nuevo los periodistas los líderes de la información, la referencia informativa. No sólo es cuestión de formatos, perfiles y actitudes ante lo novedoso, no sólo es coger la ola; más bien es provocar que el viento sople, que la tierra tiemble o cualquier otro fenómeno que haga surgir una gran ola. Ahí está el new journalism y ahí tienen que estar los new journalists, un profesional de las redes, de los multiformatos, de la convergencia multimedia, un distribuidor de información; pero también (y es lo mínimo que se pide), un profesional que diga la verdad, que se tome en serio su profesión y sus audiencias, que huya de la mentira o de la comodidad del dinero y del poder. No hablo, de ningún modo, de ese aura de heroísmo y dignidad que tiene la profesión y que provoca la risa entre los estudiantes de publicidad, que se burlan de los de periodismo por su idealismo, hablo de un sistema, claro, definido, lógico y que pasa por la necesidad de audiencias: si mientes, si no te tomas tu trabajo en serio o si te acomodas, las audiencias lo notan, más tarde o más temprano, pero lo notan; se van y el periodista deja de comer y le echa toda la culpa a los nuevos formatos, a twitter y a los jóvenes estudiantes que vienen detrás y tienen un blog. Hay que sacar la cabeza del agujero.

  

domingo, 15 de noviembre de 2015

Escritores frustrados

Trabajo correspondiente a la presentación del libro La Sombra Blanca de Carlos Fidalgo el día 12 de noviembre.

La sombra blanca, así se llama la segunda novela del escritor y periodista leonés Carlos Fidalgo. Siempre resulta algo extraño, al menos para mí, catalogar a una persona que además de trabajar en un medio de comunicación, de informar, escribe libros, como "escritor y periodista". Recientemente tenemos el ejemplo de una periodistas a la que se le ha dado el Premio Nobel de Literatura, el máximo galardón de los escritores (de libros, de literatura). Hace algunos años, un profesor de literatura de la Facultad de Ciencias de la Información (vaya, de nuevo litratura y periodismo juntos, esta vez en un edificio), explicó que la diferencia entre lo que era literario y lo que no lo era reside en que lo primero siempre es ficticio, es decir, que una obra es literaria cuando su contenido es ficcionado. Sin embargo, he de decir, y de hecho dije, que no me gustaba la idea, intrínseca en el argumento del profesor, de dejar fuera de la literatura obras como las de Truman Capote o algunas de Gabriel García Márquez; su respuesta fue tajante: "los periodistas son escritores frustrados".

Carlos Fidalgo, veterano periodista del Diario de León, acostumbrado a trabajar con la realidad más pura que supone el material informativo de un periódico de provincias (en este caso de comarca, porque escribe información sobre el Bierzo), presentó el día 12 de noviembre su segunda novela, La Sombra Blanca. Fidalgo ya había ganado el premio Tristana de novela fantástica con su primera obra, El agujero de Helmand. Aquí se puede encontrar el primer choque entre la teoría y la práctica, que suele ser lo mismo que la diferencia entre lo que dice un profesor y lo que te encuentras en la vida real; un redactor de un periódico de provincia escribe dos novelas de fantasía y están bien escritas (recordemos que ganó el premio a la mejor novela fantástica). ¿Contradicción?, no lo creo. Se de buena tinta que es un magnífico periodista, un profesional de la información capaz de utilizar la fórmula de la pirámide invertida como lo haría el propio Martínez Albertos, a la vez que se, por sus novelas, que es capaz de inventarse historias de fantasmas, con tonos románticos, repletas de soldados muertos en la Guerra de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial que vuelven como espíritus y haciendo unas descripciones y empleando un estilo propio del momento, un tono literario. En la presentación del libro le hicieron dos preguntas que, en mi opinión, fueron claves para entender por qué mi profesor de literatura, en la facultad de periodismo, se equivocaba. En la primera le preguntaron si se había servido de su experiencia periodística para recopila información o estructurar la novela; su respuesta fue clara, "es una novela fantástica, inventada, no tiene nada que ver con un trabajo periodístico". En la segunda intentaron que mezcalara sus dos posiciones, preguntándole cuánto había de periodístico en su novela, ante lo que Fidalgo fue tajante: "Si tratara de ser escritor escribiendo información, el periodismo sólo me calmaría las cosquillas, no podría dedicarme a ello".


Sin duda, el periodismo y la literatura son dos oficios difrentes, en existencia y en esencia, que sólo comparten la mecánica, la herramienta, la escritura, y que aún así es una herramienta muy diferente. Pero que un periodista como Fidalgo gane un premio de novela fantástica, en un país dominado por la literatura realista, donde las historias románticas de fantasmas de Zorrilla y Tirso son famosas, pero marginales respecto al vanagloriado Galdós y su realismo, tiene mérito. No creo que los periodistas sean escritores frustrados, es más, creo en la fusión de géneros y sobre todo en la sinergia de los mismos, porque ¿qué fue A sangre fría, la Non-fiction novel de Capote, sino un intento (muy exitoso) de tratar de rescatar al periodismo de sus fórmulas repetitivas? Ojalá más "escritores frustrados"

lunes, 9 de noviembre de 2015

El club de las probetas

Existen algunas asociaciones, religiones, clubes, que suelen ser frecuentados por minorías y que, por su número reducido y por lo poco que se entiende su labor son considerados como “frikis”. Hay clubes de lectura donde se empiezan los libros por el final, coleccionistas de mecheros, anzuelos de pescar o letras de teclados de ordenador; hay también coleccionistas de uñas de los pies, de patatas fritas que se parecen a John Lennon o de tipos de papel satinado. La investigación es el sector friki en España. Apenas es visible, nadie sabe nada sobre él, se le hace muy poco caso y su labor, que no es lo mismo que el potencial de su labor, apenas es significativa para el resto de sectores y para la sociedad en general. Pero, a diferencia del coleccionistas de uñas, la Investigación española no es friki por elección; es más, el potencial de este sector es tal que sería capaz de convertir a un país en el más rico, más poderoso e incluso el más igualitario del mundo, aunque esto último ya interesa menos, quedémonos con lo de rico y poderoso.

Las causas de hacer marginal a este sector son muchas: la primera, lógicamente, el dinero, que casi siempre es primera causa de algo. En en año 2010 en España el gasto total en I+D+I ascendía al 1,39% del PIB total, en el 2013 al 1,24% y ha seguido decreciendo hasta la actualidad, donde se ha recortado hasta un 33% en inversión. Es indudable que el Partido Popular, con sus recortes, se ha cargado este sector, se lo ha cargado casi todo, pero en este caso hay mucho más detrás. España nunca ha tenido una cultura donde el sector de la investigación y la ciencia tuviera peso, más bien todo lo contrario. En países poderosos, como EE.UU, donde la investigación y el desarrollo es uno de los sectores más potentes, el peso del gasto que sustenta a este sector lo aporta la empresa privada; en España pasa lo mismo, la empresa privada aporta el 0,66% del gasto del PIB, mientras que la Administración Pública aporta un 0,23%, es decir, que también lidera la inversión en este sector, pero en este caso por una razón equivocada o una suerte de desgracia: el desplome del gasto público. Luego, el gasto de las empresas privadas en investigación es irrisorio, pero el del estado lo es aún más. Y no sólo está el gasto, sino que las acciones políticas también conllevan consecuencias directas. Suprimir el ministerio de Ciencia e Innovación e integrarlo (es el mejor eufemismo que se me ha ocurrido) dentro del Ministerio de Economía y Competitividad es poco menos que poner al escarabajo pelotero con los mamíferos. Sería un desastre, el escarabajo quedaría como un estudio residual y raro dentro de un grupo de seres vivos que se le parecen, pero que son muy diferentes y sus características quedarían desdibujadas. Pues lo mismo pasa con el ya desaparecido ministerio, que no tiene poder y capacidad de acción, carece de los fondos de los que necesita y de la autoridad para que se los concedan.


Otro de los factores de su decadencia es la endogamia y la poca accesibilidad del sector. Conseguir formar parte de un proyecto de investigación es casi imposible, sólo probable si has estudiado desde el principio de los tiempos en la universidad (privada o que recibe fondos privados) investigadora, tienes lazos de sangre con su fundador, o eres negro y pelirrojo (en realidad tampoco entrarías si eres negro y pelirrojo pero no cumples con lo anterior). Si a esto sumamos que la inversión es mínima nos encontramos con un sector lleno de investigadores, buenos, eso no lo pongo en duda, pero que no bajan de los sesenta años. Además, son muy pocos, nada conocidos (ni sus proyectos, que es lo peor) y no tienen dinero. Conclusión: el sector con más potencial de un país se convierte en un club marginal de coleccionistas de mecheros y los cerebros jóvenes más prometedores del panorama nacional están desarrollando sus capacidades para aprender el alemán, el inglés o el japonés, ya que en su país no existe una infraestructura que le permita dar rienda suelta a su potencial y de paso que esto sirva para elevar a la categoría de sector primordial el de la ciencia y la investigación. Hay que plantearse hasta que punto es interesante tener un club de probetas, porque quizá, solo quizá, no merezca la pena y tengamos que sacarlo de su rincón friki.

viernes, 30 de octubre de 2015

No es percepción de género, es dinero

Esta entrada surge como motivo de un trabajo de clase de Periodismo Especializado en Ciencia y Cultura, donde se nos pedía que asistiéramos a una exposición bautizada como Percepciones: Hombre y mujer en la historia de la fotografía, que reflejaba a través de la fotografía del siglo XX la historia del fin gradual del sistema patriarcal o, lo que es lo mismo, la liberación e independencia de la mujer respecto del hombre. Teníamos que relacionar todo el contenido que sacáramos de esa muestra con el reciente anuncio de la revista Playboy de retirar los desnudos de su portada. Ya tengo la conclusión, señor profesor: no tienen absolutamente nada que ver, por lo que es imposible relacionarlos.

La exposición refleja, sin sutilezas, sin máscaras, sin necesidad de profundizar, como pocas lo hacen actualmente, esa liberación. Las fotografías están fechadas; los músculos de los hombres de buena parte del siglo XX inflados y forzados para la foto; los pasillos del edificio de la fundación llenos de imágenes de fumadores empedernidos, hombres de corbata y sombrero, cazadores, cowboys, fabricantes de armas y obreros neoyorquinos de la construcción. También de mujeres sentadas frente a un hombre erguido, de niñas vestidas de blanco para hacer su primera comunión, de cocinas donde no entraba varón y de semidesnudos que no me cabe duda eran la auténtica canela en rama de la pornografía del momento. Pero la muestra, además, expone imágenes de las primeras miradas desafiantes a cámara de mujeres que antes miraban al suelo; de las primeras mujeres uniformadas; de los primeros travestis que se vistieron de mujer buscando la fragilidad atribuida al sexo femenino, pero sin perder su condición de hombre, y de mujeres con tirantes y calzoncillos rellenos de calcetines que querían experimentar la seguridad en uno mismo, la firmeza y el poder atribuido al hombre, pero sin perder su condición de mujer. La exposición refleja la lucha de sexos, la posición subordinada de la mujer, los contrarios; pero también el principio del declive de ese sistema, la igualdad, los complementarios.

Evidentemente, nada tiene que ver la percepción de géneros en la fotografía, la representación del auge y declive del sistema patriarcal con el hecho de que Playboy haya decidido no sacar más mujeres desnudas en su portada por una cuestión económica. Así lo ha explicado al New York Times el director de la revista, Scott Flanders, apoyando su decisión en el argumento de que “hoy en día la gente está a un click gratis de cualquier acto sexual inimaginable. Así que la coyuntura ha pasado”; es decir, Playboy ya no sacará más 'conejitas' desnudas porque no son rentables, porque internet ha regalado la pornografía a la gente. No tiene nada que ver con lucha de géneros, percepciones, avances sociales o exposiciones llenas de simbolismo. El dinero, amigos, sólo el dinero, eso es lo que ha llevado al nonagenario de pijama y bata que fundó un imperio del erotismo, aunque Playboy es muchas más cosas, a dejar de lado el mayor icono, la cara más reconocible de sus revistas.


No se si he fallado en el ejercicio, quizá no sirva para esto, o quizá se me haya podido escapar la relación entre estos dos elementos, pero, sinceramente, creo hasta las últimas consecuencias que no la hay. Como reflexión final diré, aunque mucha gente no esté de acuerdo conmigo,esto es mi blog maldita sea, que considero muy aconsejable separar exposiciones y 'actos que salen del lado humano' (es lo único que se me ocurre donde caben cosas muy dispares pero que creo que tienen ese algo en común, el lado humano) de los mercados , las divisas, el dinero y sus decisiones, porque empeñarnos en ver una relación entre cosas o situaciones que pertenezcan a uno de estos elementos (lado humano o dinero), es banalizar y degradar uno y endiosar y magnificar otro. Elijan ustedes cuál es cuál.



martes, 27 de octubre de 2015

La lenta y dolorosa muerte de los espacios culturales

Espacios culturales: esta es la etiqueta que le colgamos a lugares como los teatros y los museos y que sigue la lógica de que son espacios, entendidos como medios físicos en el que se sitúan los cuerpos y los movimientos; y culturales, es decir, que tienen algo que ver con la cultura. Los venerables museos se han quedado en eso, en venerables, que ya no sólo guardan reliquias del pasado que conservamos con mimo y esmero, sino que ellos mismos son ya una reliquia. Y qué decir de los teatros, los viejos, los de verdad, donde se representaban vetustas obras de Brecht o Valle-Inclán (el de la barba, de una de esas generaciones de escritores españoles que lo petaron); por no hablar de las zarzuelas, óperas, operetas y demás géneros que poco a poco han ido cayendo en el olvido...

Cometería un grave error si afirmase que estos espacios culturales han sido abandonados por todo el mundo. Pero, por desgracia, aunque no estén muertos y haya sectores de la población que aún disfrutan viendo a un buen tenor, la orina del enfermo empieza a oler mal. Los jóvenes han dejado de lado estos espacios: ni van al teatro, ni frecuentan de forma habitual museos, ni distinguen a una soprano de una contralto. Esto no sería preocupante si no existiera la lógica, pero desgraciadamente existe; a mucha gente le puede dar igual , en mayor o menor medida, que los jóvenes hayan abandonado estos hábitos de salud cultural, pero el problema se presenta cuando descubrimos que el tiempo hará que este sector de la población cambie de “estrato”, y el relevo generacional haga su trabajo natural. No quedará nadie (o muy pocos) para conservar estos géneros, estos espacios. Esto puede sonar demasiado apocalíptico (está de moda eso), pero realmente representa un problema. Está claro que no se puede generalizar, que existen jóvenes muy apegados a las reliquias pictóricas de Renoir o Pisarro, o a piezas teatrales; algunos menos a géneros como la ópera y la zarzuela. Sin embargo, casi todo hecho o suceso merece una reflexión. ¿Son incapaces de conectar estos espacios con los jóvenes, o son los jóvenes los que no conectan con los espacios?; ¿se han transformado estos espacios dando lugar a géneros como el monólogo, el musical moderno...?

El hecho de que los jóvenes no frecuenten estos lugares y, al mismo tiempo, la mayoría esté satisfecha con la oferta cultural de sus ciudades, nos desvela una de esas contradicciones propias del ser humano, algo que sí que escapa a la lógica. Quizá tenga que ver con eso de vincular la cultura al ocio, quizá el teatro, la ópera o la zarzuela aburra a los jóvenes; sin embargo, me muestro muy escéptico ante esta conclusión, por lo que prefiero cerrar este desvarío con una vetusta frase de uno de esos vetustos hombres que se dedicaban a dar vida a los espacios culturales, ahora enfermos; “el arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento”.



domingo, 18 de octubre de 2015

Magnitudes

En el año 2013 las exportaciones de productos culturales en España volvieron a superar a las importaciones tras nueve años de “supremacía importacional” (no tiene nada que ver con “importante”, sino con “importaciones”). Es un dato bastante curioso, teniendo en cuenta que la visión palpable, la del día a día, no hace referencia a la cantidad de productos culturales que exporta España, y que han resultado ser bastantes, más de lo que se importa. En ese año, el 2013, se exportaron productos por una cantidad de 703,4 millones de euros, mientras que la cifra de productos culturales importados de otros países ascendió a los 666,9 millones; no hay una gran diferencia entre importaciones y exportaciones, pero ahí está el dato. El territorio donde más productos exportamos es la Unión Europea (51,2%), seguido de Iberoamérica (27,14%), el resto de países (13,7%) y Estados Unidos (7,7%). Las importaciones responden o siguen un cierto carácter de feedback, de “si tú me compras, yo te compro” y arrojan que los países de donde más productos importamos pertenecen a la Unión Europea (74,6%); aunque de Iberoamérica sólo importamos el 1,1%, menos que de los Estados Unidos (4,9%), pero esto, sin duda, tiene que ver con que la primera potencia mundial no es sólo una potencia económica, sino que es la mayor fábrica de productos del mundo, la capital de las exportaciones, la capital de la globalización. Iberoamérica es otro territorio del que no podemos sacar una conclusión sobre sus importaciones y exportaciones culturales sin antender a su contexto y al hecho de que esté constituida por países emergentes, por debajo de la media económica y con muchos conflictos por resolver (lo que se ha dado a conocer como el deshielo cubano no sólo es un término político, sino que los mercados lo pueden hacer suyo en la misma medida). 

Sin embargo, después de toda esta vomitona de datos económicos, fruto de las arcadas porcentuales de términos como importación y exportación, una cosa está clara: es un buen dato que España vuelva a exportar más de lo que importa, que su saldo sea positivo, que la economía mejore y que ese dato demuestre, aunque sea de forma indirecta, que la cultura española es, cuanto menos, atractiva, fiable y de buena calidad. Los datos y las cifras son las células del mercado, necesarias para poder invertir o no, importar o no, o exportar o no; y aunque pueda resultar anecdótico y hasta engañoso que los productos culturales españoles mejoren sus cifras, es algo importante, porque esa es la magnitud referencial del mundo, de los mercados: las cifras. Quizá pueda ser tachado de espiritualista cultural, si es que existe tal calificativo, pero considero que toda la cultura (lo que pueda ser catalogado como cultura), es positiva y que los productos culturales españoles no mejoran o empeoran cada año, sino que la clave está en su poder de seducción, en que resulten atractivos, al fin y al cabo, en que se vendan bien. La industria cultural, además de ese halo de dignidad que posee y del enriquecimiento que otorga, mueve millones, así que resulta conveniente hacerle más caso. Doble motivación para los técnicos económicos que deciden qué sectores sufren recortes y cuáles no. Señores, la cultura es la identidad de un pueblo, necesaria para su desarrollo, para instaurar sus valores morales, pero ustedes, que saben aprovecharlo todo, también deberían saber que es una auténtica industria, que es un sector fuerte y que arroja cifras, datos y balances de esos que les gustan a ustedes y que nos sitúan en ránkings que sirven para ver quién la tiene más grande, la cultura digo. 





sábado, 10 de enero de 2015

Je suis l´humour,libre, immortel

Decía Pablo Neruda que la risa es el lenguaje del alma, por eso, quizá a todos aquellos que no tienen alma, que se creen que el alma no pertenece a la persona, sino a fuerzas superiores creadoras y configuradoras de mundos inferiores, que desprecian la libertad de "manejar" el alma, no les gusta la risa, porque tampoco les gusta la libertad. Tampoco le ha gustado nunca demasiado la risa al poder, por suponer la risa uno de las mayores acciones o representaciones de la libertad de expresión, pues qué es el humor, sino uno de los principales síntomas de libertad. Es también enemiga la risa de la ignorancia, del ocultismo, de la esclavitud, de la violencia... tantos enemigos se ha ganado la risa como la libertad, porque es imposible entender la una sin la otra, la consecuencia sin la causa.

La revista satírica francesa Charlie Hebdo ha sido la última, aunque no la única, defensora del humor y de la libertad de expresión atacada por la extrema violencia y los fanatismos, por aquellos enemigos de la risa. Su "pecado", o el leitmotiv del ataque que se ha saldado con 12 muertos fue la publicación de dibujos y viñetas satíricas de Mahoma y de aspectos relacionados con el islamismo radical y el denominado Estado Islámico. Decía Karl Marx que la religión es el opio del pueblo, un síntoma del nihilismo de las vidas humanas, el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu... por eso, todas aquellas personas que relegan su vida, que entregan su vida a la religión, subordinando aspectos como la libertad, el respeto o la igualdad, se ven brutalmente heridas, atacadas, cuando se pone en duda su forma de vida, la causa por la que creen que les late el corazón, aunque este "ataque" venga del cañón de plástico del humor.


Charlie Hebdo se mofaba de la violencia, se mofaba de los fanatismos, de los enemigos de la libertad de expresión, y estos enemigos trataron de matar el humor, pero el humor es inmortal, se fortalece con cada ataque, porque cada ataque le recuerda su esencia, el por qué de su existencia, su ser. No podemos caer en el sinsentido de poner nombres y apellidos a la violencia extrema y los fanatismos, pues este virus, maldición, cambia de nombre a placer, se desarrolla y echa raíces en todos aquellos lugares abonados por la ignorancia, por el nihilismo y la opresión, por el odio. Nada ha aprendido el "culto", viejo y poderoso occidente acerca de erradicar el odio y la violencia, sino que se ha mostrado como la principal fábrica de este odio, su sembrador más experto.

Sin embargo, y a pesar de la tragedia, el humor no necesita consuelo, no descansa, debe contraatacar, fortalecerse, en las plumas más ingeniosas, en la risa provocada por el humor más ácido, en sátiras, burlas... debe seguir hiriendo a la violencia, tenemos que seguir riéndonos, lanzando carcajadas, el grito más fuerte, espasmódico, incontrolable y espontáneo de la libertad. 



lunes, 5 de enero de 2015

Los precarios brotes verdes

El año 2014 se salda con 253.637 parados menos: ese es el dato final con el que hemos comenzado 2015, el dato definitivo, de balance anual, que hace referencia al empleo en 2014. No es un dato poco relevante, considerando que uno de los mayores problemas de España es su alto nivel de desempleo y las consecuencias que esto provoca en la economía del país. Sin embargo, a pesar de que el carácter positivo del dato es indudable (y más con los tiempos que corren), creo que este dato es incompleto, se queda huérfano, si no damos otros datos para completarlo; datos que, por ejemplo, nos arrojen cierta luz sobre que tipo de empleo se está creando, o sobre cómo afecta esta situación a la economía española, y no menos importante, cómo puede afectarla en un futuro.

Como decíamos, el dato del descenso del paro es un dato positivo, tan positivo que parece que estamos resolviendo el problema más acuciante de la economía española; sin embargo, estos ya anteriormente bautizados como brotes verdes, no creo que se correspondan para nada con la metáfora referida a las plantas y a sus brotes. Una planta (pequeña, grande... aunque en este caso y siguiendo con la metáfora se trata de un auténtico árbol) necesita unas bases, unos pilares, unas raíces que le permitan crecer, hacerse fuerte; sin sus bases, sin sus raíces, no es nada, y todo lo que nos parezca que es referido a su crecimiento no sería más que humo, espejismos sintomáticos de una esperanza más que necesaria, acuciante. Todos tenemos ganas de oír la buena nueva, de sentir que estamos saliendo de una situación desesperada, de ver esos brotes verdes, y el balance del empleo de 2014 tiene todas las características, en apariencia, de ser esa buena noticia que necesitamos; pero como ya he dicho, considero que nos hace falta información y datos para poder sacar algo en claro.


Los datos que propongo para completar la información son los siguientes: el 92,78% de los contratos que se produjeron el pasado mes de diciembre fueron temporales , mientras que el 40,4% de las contrataciones de los 11 primeros meses del año, de enero a noviembre, tuvieron menos de un mes de duración; a pesar de que diciembre presentaba un descenso histórico del paro, tan sólo un 7,21% de las contrataciones fueron con carácter indefinido... todos estos datos, que complementan sin duda al balance general del empleo en 2014, arrojan una conclusión que nada se le parece a esos brotes vedes de la metáfora del político retórico de la esperanza, y esa conclusión se puede resumir en una palabra: Precariedad.

Esta creación de empelo precario nos deriva, a su vez, dos nuevas conclusiones: la primera es que la creación de empleo no puede producirse a cualquier coste, pues todo aquel empleo cuyo apellido sea precariedad no será más que uno de esos espejismos que mencionábamos antes, un dato casi irrelevante; con el empleo precario no se sale de la crisis, no se puede salir, porque el empleo precario no se siente de forma positiva en la economía real de la gente, esto es, mantenemos la capacidad productiva sin atender a la economía real, la que importa al fin y al cabo; la otra consecuencia que se deriva es la que nos lleva directamente al futuro: ¿qué tipo de sociedad tendremos en un futuro? ¿qué tipo de empleo sostendrá la economía en un futuro?... y estas dos preguntas se pueden relacionar, volviendo a la metáfora, con las raíces, con las bases; el empleo precario no crea bases, pilares, no es sostenible en un futuro. La pérdida de derechos que supone la creación de este tipo de empleo, el precario, es una de las principales características que provoca la insostenibilidad de este tipo de empleo.