viernes, 18 de diciembre de 2015

El 'Grito' de Munch, y ya

El grito de Munch: una de las pinturas más reconocidas de la historia del arte contemporáneo, una de las obras cumbres que marcó el camino de la vanguardia y también una de las grandes precursoras de lo que algunos años después se conocería como expresionismo. Pubertad: otra de las obras de Munch que contiene exactamente las mismas características que El grito, Madonna, o Vampiro. Lo único que diferencia estas últimas pinturas de la cara desfigurada del hombre que grita de angustia en un puente es que cuando oímos su nombre, se forma en nuestra mente exactamente la forma de un hombre que grita de angustia en un puente. Seguramente con Madonna no se nos venga a la cabeza con tanta facilidad la figura de una mujer cadavérica rodeada por espermatozoides asesinos (quizá no se nos venga nada a la cabeza); o con Pubertad, la imagen de una niña sentada sobre una cama con sus brazos, kilómetricos y desproporcionados, tapando su sexo, y cuya propia sombra la acecha mostrando su propio lado oscuro. Esto no se debe a ninguna enfermedad, ni siquiera a la ignorancia, sino que se debe a otro mal: el imaginario colectivo. Cuán selectivo es este imaginario y cuántas grandes obras deja a las puertas de la gloria que otorga su recuerdo para la posteridad.

Munch pertenece al no tan selecto club de los autores conocidos por una sola obra. Es cierto que en el caso del pintor noruego esto se cumple con precisión, es decir, de Munch normalmente sólo se conoce El grito, pero el imaginario colectivo también hace mella en otros grandes artistas. El David de Miguel Ángel (considerado por muchos el mejor artista de todos los tiempos) no tiene la misma repercusión que La creación de Adán u otros frescos que el artista pintó en la Capilla sixtina; sin duda esta obra es mucho más reconocible que las "secundarias" de Munch, pero no son tan populares como David. Tampoco conocemos a Da Vinci por los paisajes que pintó del Valle del Arno, sino que su figura se asocia a la de la Gioconda o a La última cena. Sin embargo, aunque el imaginario colectivo haya alcanzado a Munch y, en cierta medida, a otras obras de grandes pintores y artistas, existen categorías inferiores dentro de la pirámide de la popularidad a la que el imaginario colectivo ha relegado a otros artistas, con los que sí se ha cebado. Ensor es el compañero de viaje de Munch, el otro gran precursor del impresionismo, el artista que pintaba esqueletos y cuya misoginia era casi tan patente como la oscuridad de sus temas. Y qué decir de Egon Schiele, el otro gran pintor, junto a Munch, cuyos problemas psicológios (especialmente su visión del sexo y la sexualidad) dieron grandes obras del expresionismo. Ninguno de estos dos artistas tienen una obra popular, reconocible, a través de la que se los pueda identificar; sobra, por supuesto, su comparación, en términos de identificación, con Miguel Ángel o Da Vinci. Así es el imaginario colectivo y su justicia, no podía ser que todos destacaran, sino todas las exposiciones tendrían el mismo precio y sería muy difícil distinguir las buenas obras de las malas (la crítica artística tiene muchos tics del imaginario colectivo).


Los arquetipos de Munch, expuestos en el Museo Thyssen de Madrid, recogen la vida del artista; no digo su obra, dado que, en el caso de Munch, vida y obra van de la mano. Es un precursor del expresionismo porque supo exteriorizar, materializar y convertir en pintura su pulsión interior, sus percepciones de la vida. Por eso es tan bueno (por eso y porque era negativo y depresivo, y todos sabemos que las malas noticias se leen más que las buenas). Ir a ver una exposición de Munch no sólo sirve para conocer lo que hay más allá de su Grito, sino también para comprender a un artista que no podía expresar su angustia interior y su visión negativa de la vida a través de medios convencionales como la palabra o el llanto, pero que lo hizo a través de la pintura, regalándonos grandes obras y también sobreviviendo, como buenamente puede, a la cruel selección del imaginario colectivo. Gran artista. 


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