Existen algunas
asociaciones, religiones, clubes, que suelen ser frecuentados por
minorías y que, por su número reducido y por lo poco que se
entiende su labor son considerados como “frikis”. Hay clubes de
lectura donde se empiezan los libros por el final, coleccionistas de
mecheros, anzuelos de pescar o letras de teclados de ordenador; hay
también coleccionistas de uñas de los pies, de patatas fritas que
se parecen a John Lennon o de tipos de papel satinado. La
investigación es el sector friki en España. Apenas es visible,
nadie sabe nada sobre él, se le hace muy poco caso y su labor, que
no es lo mismo que el potencial de su labor, apenas es significativa
para el resto de sectores y para la sociedad en general. Pero, a
diferencia del coleccionistas de uñas, la Investigación española
no es friki por elección; es más, el potencial de este sector es
tal que sería capaz de convertir a un país en el más rico, más
poderoso e incluso el más igualitario del mundo, aunque esto último
ya interesa menos, quedémonos con lo de rico y poderoso.
Las causas de
hacer marginal a este sector son muchas: la primera, lógicamente, el
dinero, que casi siempre es primera causa de algo. En en año 2010 en
España el gasto total en I+D+I ascendía al 1,39% del PIB total, en
el 2013 al 1,24% y ha seguido decreciendo hasta la actualidad, donde
se ha recortado hasta un 33% en inversión. Es indudable que el
Partido Popular, con sus recortes, se ha cargado este sector, se lo
ha cargado casi todo, pero en este caso hay mucho más detrás.
España nunca ha tenido una cultura donde el sector de la
investigación y la ciencia tuviera peso, más bien todo lo
contrario. En países poderosos, como EE.UU, donde la investigación
y el desarrollo es uno de los sectores más potentes, el peso del
gasto que sustenta a este sector lo aporta la empresa privada; en
España pasa lo mismo, la empresa privada aporta el 0,66% del gasto
del PIB, mientras que la Administración Pública aporta un 0,23%, es
decir, que también lidera la inversión en este sector, pero en este
caso por una razón equivocada o una suerte de desgracia: el desplome
del gasto público. Luego, el gasto de las empresas privadas en
investigación es irrisorio, pero el del estado lo es aún más. Y no
sólo está el gasto, sino que las acciones políticas también
conllevan consecuencias directas. Suprimir el ministerio de Ciencia e
Innovación e integrarlo (es el mejor eufemismo que se me ha
ocurrido) dentro del Ministerio de Economía y Competitividad es poco
menos que poner al escarabajo pelotero con los mamíferos. Sería un
desastre, el escarabajo quedaría como un estudio residual y raro
dentro de un grupo de seres vivos que se le parecen, pero que son muy
diferentes y sus características quedarían desdibujadas. Pues lo
mismo pasa con el ya desaparecido ministerio, que no tiene poder y
capacidad de acción, carece de los fondos de los que necesita y de
la autoridad para que se los concedan.
Otro de los
factores de su decadencia es la endogamia y la poca accesibilidad del
sector. Conseguir formar parte de un proyecto de investigación es
casi imposible, sólo probable si has estudiado desde el principio de
los tiempos en la universidad (privada o que recibe fondos privados)
investigadora, tienes lazos de sangre con su fundador, o eres negro y
pelirrojo (en realidad tampoco entrarías si eres negro y pelirrojo
pero no cumples con lo anterior). Si a esto sumamos que la inversión
es mínima nos encontramos con un sector lleno de investigadores,
buenos, eso no lo pongo en duda, pero que no bajan de los sesenta
años. Además, son muy pocos, nada conocidos (ni sus proyectos, que
es lo peor) y no tienen dinero. Conclusión: el sector con más
potencial de un país se convierte en un club marginal de
coleccionistas de mecheros y los cerebros jóvenes más prometedores
del panorama nacional están desarrollando sus capacidades para
aprender el alemán, el inglés o el japonés, ya que en su país no
existe una infraestructura que le permita dar rienda suelta a su
potencial y de paso que esto sirva para elevar a la categoría de
sector primordial el de la ciencia y la investigación. Hay que
plantearse hasta que punto es interesante tener un club de probetas,
porque quizá, solo quizá, no merezca la pena y tengamos que sacarlo
de su rincón friki.
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