lunes, 9 de noviembre de 2015

El club de las probetas

Existen algunas asociaciones, religiones, clubes, que suelen ser frecuentados por minorías y que, por su número reducido y por lo poco que se entiende su labor son considerados como “frikis”. Hay clubes de lectura donde se empiezan los libros por el final, coleccionistas de mecheros, anzuelos de pescar o letras de teclados de ordenador; hay también coleccionistas de uñas de los pies, de patatas fritas que se parecen a John Lennon o de tipos de papel satinado. La investigación es el sector friki en España. Apenas es visible, nadie sabe nada sobre él, se le hace muy poco caso y su labor, que no es lo mismo que el potencial de su labor, apenas es significativa para el resto de sectores y para la sociedad en general. Pero, a diferencia del coleccionistas de uñas, la Investigación española no es friki por elección; es más, el potencial de este sector es tal que sería capaz de convertir a un país en el más rico, más poderoso e incluso el más igualitario del mundo, aunque esto último ya interesa menos, quedémonos con lo de rico y poderoso.

Las causas de hacer marginal a este sector son muchas: la primera, lógicamente, el dinero, que casi siempre es primera causa de algo. En en año 2010 en España el gasto total en I+D+I ascendía al 1,39% del PIB total, en el 2013 al 1,24% y ha seguido decreciendo hasta la actualidad, donde se ha recortado hasta un 33% en inversión. Es indudable que el Partido Popular, con sus recortes, se ha cargado este sector, se lo ha cargado casi todo, pero en este caso hay mucho más detrás. España nunca ha tenido una cultura donde el sector de la investigación y la ciencia tuviera peso, más bien todo lo contrario. En países poderosos, como EE.UU, donde la investigación y el desarrollo es uno de los sectores más potentes, el peso del gasto que sustenta a este sector lo aporta la empresa privada; en España pasa lo mismo, la empresa privada aporta el 0,66% del gasto del PIB, mientras que la Administración Pública aporta un 0,23%, es decir, que también lidera la inversión en este sector, pero en este caso por una razón equivocada o una suerte de desgracia: el desplome del gasto público. Luego, el gasto de las empresas privadas en investigación es irrisorio, pero el del estado lo es aún más. Y no sólo está el gasto, sino que las acciones políticas también conllevan consecuencias directas. Suprimir el ministerio de Ciencia e Innovación e integrarlo (es el mejor eufemismo que se me ha ocurrido) dentro del Ministerio de Economía y Competitividad es poco menos que poner al escarabajo pelotero con los mamíferos. Sería un desastre, el escarabajo quedaría como un estudio residual y raro dentro de un grupo de seres vivos que se le parecen, pero que son muy diferentes y sus características quedarían desdibujadas. Pues lo mismo pasa con el ya desaparecido ministerio, que no tiene poder y capacidad de acción, carece de los fondos de los que necesita y de la autoridad para que se los concedan.


Otro de los factores de su decadencia es la endogamia y la poca accesibilidad del sector. Conseguir formar parte de un proyecto de investigación es casi imposible, sólo probable si has estudiado desde el principio de los tiempos en la universidad (privada o que recibe fondos privados) investigadora, tienes lazos de sangre con su fundador, o eres negro y pelirrojo (en realidad tampoco entrarías si eres negro y pelirrojo pero no cumples con lo anterior). Si a esto sumamos que la inversión es mínima nos encontramos con un sector lleno de investigadores, buenos, eso no lo pongo en duda, pero que no bajan de los sesenta años. Además, son muy pocos, nada conocidos (ni sus proyectos, que es lo peor) y no tienen dinero. Conclusión: el sector con más potencial de un país se convierte en un club marginal de coleccionistas de mecheros y los cerebros jóvenes más prometedores del panorama nacional están desarrollando sus capacidades para aprender el alemán, el inglés o el japonés, ya que en su país no existe una infraestructura que le permita dar rienda suelta a su potencial y de paso que esto sirva para elevar a la categoría de sector primordial el de la ciencia y la investigación. Hay que plantearse hasta que punto es interesante tener un club de probetas, porque quizá, solo quizá, no merezca la pena y tengamos que sacarlo de su rincón friki.

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