lunes, 16 de noviembre de 2015

New journalism

Nuevo periodismo. A pesar de lo que muchos podrían pensar no voy a hablar ni de Truman Capote, ni de Tom Wolfe ni de una nueva narrativa; pero sí voy a hablar de un nuevo modo de hacer las cosas, siendo más conciso, de un nuevo perfil profesional. Dentro del ámbito periodístico, como dicen (decimos) en el mundillo, “dentro de la profesión” , se ha instaurado una idea determinada: el cambio. Todos sabemos que las nuevas tecnologías lo han cambiado todo y también sabemos que todo sigue cambiando; sin embargo, aquel que quiera atribuirle la decadencia de la profesión periodística a un cambio de formato o de infraestructura se seguirá engañando a sí mismo, y lo que es peor, seguirá engañando al resto. Ahí está la clave, en el engaño, más que en el engaño, que suena más a pequeña trampa, a triquiñuela, la clave está en la mentira. Cientos de miles de millones de mentiras pensadas, escritas y publicadas por periodistas y otros tantos cientos de miles de situaciones donde no se ha ejercido bien la profesión.

Hoy en día está muy de moda echar la culpa del fracaso al formato, a los briefing mal elaborados, a las erróneas estrategias de mercado, a la poca innovación y a otros tantos términos que eximen de culpa a los profesionales. Es muy necesario el perfil del periodista que no sólo sepa buscar información y escribirla, sino que maneje múltiples formatos, que sea un crack en las redes sociales, que sepa vender su información, hacerla visual y procurar que el lector-oyente-telespectador, la audiencia no se aburra, que se informe en cuatro líneas y un vídeo, en un tweet de 140 caracteres o en un post de cuatro párrafos de un blog o de Facebook. No me cabe duda de que el nuevo perfil profesional que se le exige a un periodista es ese, y que si uno no se adapta, si no entra de lleno y pasa a dominar la era digital, no puede ejercer esta profesión. Es indiscutible que los cambios y avances tecnológicos han cambiado la estructura, la forma de hacer las cosas y, como he dicho, el perfil profesional. Sin embargo, aunque es evidente que aún quedan por el mundo algunos iluminados reaccionarios que confían en la máquina de escribir, las fotos en blanco y negro y la desaparición milagrosa de twitter, donde parece que todo el mundo se informa sin necesitar a un periodista, la mayoría de los medios aplican las novedades necesarias; y aplicar estas novedades requiere que las empresas periodísticas exijan a trabajadores cualificados para trabajar con la nueva estructura y, además, mi poca experiencia profesional me dice que muchos de esos periodistas ya cumplen con ese perfil.


Sin embargo, no considero que la renovación total del periodismo, que es lo mismo que la salida de su crisis particular, pase solamente por ser creativo, manejar las redes sociales, saber distribuir tu información y todas esas habilidades que requiere ese perfil. El periodismo ha defraudado y la sociedad ha dejado de confiar. Ese es el principal problema, recuperar la confianza; con confianza, serán de nuevo los periodistas los líderes de la información, la referencia informativa. No sólo es cuestión de formatos, perfiles y actitudes ante lo novedoso, no sólo es coger la ola; más bien es provocar que el viento sople, que la tierra tiemble o cualquier otro fenómeno que haga surgir una gran ola. Ahí está el new journalism y ahí tienen que estar los new journalists, un profesional de las redes, de los multiformatos, de la convergencia multimedia, un distribuidor de información; pero también (y es lo mínimo que se pide), un profesional que diga la verdad, que se tome en serio su profesión y sus audiencias, que huya de la mentira o de la comodidad del dinero y del poder. No hablo, de ningún modo, de ese aura de heroísmo y dignidad que tiene la profesión y que provoca la risa entre los estudiantes de publicidad, que se burlan de los de periodismo por su idealismo, hablo de un sistema, claro, definido, lógico y que pasa por la necesidad de audiencias: si mientes, si no te tomas tu trabajo en serio o si te acomodas, las audiencias lo notan, más tarde o más temprano, pero lo notan; se van y el periodista deja de comer y le echa toda la culpa a los nuevos formatos, a twitter y a los jóvenes estudiantes que vienen detrás y tienen un blog. Hay que sacar la cabeza del agujero.

  

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