Nuevo periodismo. A pesar
de lo que muchos podrían pensar no voy a hablar ni de Truman Capote,
ni de Tom Wolfe ni de una nueva narrativa; pero sí voy a hablar de
un nuevo modo de hacer las cosas, siendo más conciso, de un nuevo
perfil profesional. Dentro del ámbito periodístico, como dicen
(decimos) en el mundillo, “dentro de la profesión” , se ha
instaurado una idea determinada: el cambio. Todos sabemos que las
nuevas tecnologías lo han cambiado todo y también sabemos que todo
sigue cambiando; sin embargo, aquel que quiera atribuirle la
decadencia de la profesión periodística a un cambio de formato o de
infraestructura se seguirá engañando a sí mismo, y lo que es peor,
seguirá engañando al resto. Ahí está la clave, en el engaño, más
que en el engaño, que suena más a pequeña trampa, a triquiñuela,
la clave está en la mentira. Cientos de miles de millones de
mentiras pensadas, escritas y publicadas por periodistas y otros
tantos cientos de miles de situaciones donde no se ha ejercido bien
la profesión.
Hoy en día está muy de
moda echar la culpa del fracaso al formato, a los briefing mal
elaborados, a las erróneas estrategias de mercado, a la poca
innovación y a otros tantos términos que eximen de culpa a los
profesionales. Es muy necesario el perfil del periodista que no sólo
sepa buscar información y escribirla, sino que maneje múltiples
formatos, que sea un crack en las redes sociales, que sepa vender su
información, hacerla visual y procurar que el
lector-oyente-telespectador, la audiencia no se aburra, que se
informe en cuatro líneas y un vídeo, en un tweet de 140 caracteres
o en un post de cuatro párrafos de un blog o de Facebook. No me cabe
duda de que el nuevo perfil profesional que se le exige a un
periodista es ese, y que si uno no se adapta, si no entra de lleno y
pasa a dominar la era digital, no puede ejercer esta profesión. Es
indiscutible que los cambios y avances tecnológicos han cambiado la
estructura, la forma de hacer las cosas y, como he dicho, el perfil
profesional. Sin embargo, aunque es evidente que aún quedan por el
mundo algunos iluminados reaccionarios que confían en la máquina de
escribir, las fotos en blanco y negro y la desaparición milagrosa de
twitter, donde parece que todo el mundo se informa sin necesitar a un
periodista, la mayoría de los medios aplican las novedades
necesarias; y aplicar estas novedades requiere que las empresas
periodísticas exijan a trabajadores cualificados para trabajar con
la nueva estructura y, además, mi poca experiencia profesional me
dice que muchos de esos periodistas ya cumplen con ese perfil.
Sin embargo, no considero
que la renovación total del periodismo, que es lo mismo que la
salida de su crisis particular, pase solamente por ser creativo,
manejar las redes sociales, saber distribuir tu información y todas
esas habilidades que requiere ese perfil. El periodismo ha defraudado
y la sociedad ha dejado de confiar. Ese es el principal problema,
recuperar la confianza; con confianza, serán de nuevo los
periodistas los líderes de la información, la referencia
informativa. No sólo es cuestión de formatos, perfiles y actitudes
ante lo novedoso, no sólo es coger la ola; más bien es provocar que
el viento sople, que la tierra tiemble o cualquier otro fenómeno que
haga surgir una gran ola. Ahí está el new journalism y ahí tienen
que estar los new journalists, un profesional de las redes, de los
multiformatos, de la convergencia multimedia, un distribuidor de
información; pero también (y es lo mínimo que se pide), un
profesional que diga la verdad, que se tome en serio su profesión y
sus audiencias, que huya de la mentira o de la comodidad del dinero y
del poder. No hablo, de ningún modo, de ese aura de heroísmo y
dignidad que tiene la profesión y que provoca la risa entre los
estudiantes de publicidad, que se burlan de los de periodismo por su
idealismo, hablo de un sistema, claro, definido, lógico y que pasa
por la necesidad de audiencias: si mientes, si no te tomas tu trabajo
en serio o si te acomodas, las audiencias lo notan, más tarde o más
temprano, pero lo notan; se van y el periodista deja de comer y le
echa toda la culpa a los nuevos formatos, a twitter y a los jóvenes
estudiantes que vienen detrás y tienen un blog. Hay que sacar la
cabeza del agujero.
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