Mostrando entradas con la etiqueta españa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta españa. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de octubre de 2015

Magnitudes

En el año 2013 las exportaciones de productos culturales en España volvieron a superar a las importaciones tras nueve años de “supremacía importacional” (no tiene nada que ver con “importante”, sino con “importaciones”). Es un dato bastante curioso, teniendo en cuenta que la visión palpable, la del día a día, no hace referencia a la cantidad de productos culturales que exporta España, y que han resultado ser bastantes, más de lo que se importa. En ese año, el 2013, se exportaron productos por una cantidad de 703,4 millones de euros, mientras que la cifra de productos culturales importados de otros países ascendió a los 666,9 millones; no hay una gran diferencia entre importaciones y exportaciones, pero ahí está el dato. El territorio donde más productos exportamos es la Unión Europea (51,2%), seguido de Iberoamérica (27,14%), el resto de países (13,7%) y Estados Unidos (7,7%). Las importaciones responden o siguen un cierto carácter de feedback, de “si tú me compras, yo te compro” y arrojan que los países de donde más productos importamos pertenecen a la Unión Europea (74,6%); aunque de Iberoamérica sólo importamos el 1,1%, menos que de los Estados Unidos (4,9%), pero esto, sin duda, tiene que ver con que la primera potencia mundial no es sólo una potencia económica, sino que es la mayor fábrica de productos del mundo, la capital de las exportaciones, la capital de la globalización. Iberoamérica es otro territorio del que no podemos sacar una conclusión sobre sus importaciones y exportaciones culturales sin antender a su contexto y al hecho de que esté constituida por países emergentes, por debajo de la media económica y con muchos conflictos por resolver (lo que se ha dado a conocer como el deshielo cubano no sólo es un término político, sino que los mercados lo pueden hacer suyo en la misma medida). 

Sin embargo, después de toda esta vomitona de datos económicos, fruto de las arcadas porcentuales de términos como importación y exportación, una cosa está clara: es un buen dato que España vuelva a exportar más de lo que importa, que su saldo sea positivo, que la economía mejore y que ese dato demuestre, aunque sea de forma indirecta, que la cultura española es, cuanto menos, atractiva, fiable y de buena calidad. Los datos y las cifras son las células del mercado, necesarias para poder invertir o no, importar o no, o exportar o no; y aunque pueda resultar anecdótico y hasta engañoso que los productos culturales españoles mejoren sus cifras, es algo importante, porque esa es la magnitud referencial del mundo, de los mercados: las cifras. Quizá pueda ser tachado de espiritualista cultural, si es que existe tal calificativo, pero considero que toda la cultura (lo que pueda ser catalogado como cultura), es positiva y que los productos culturales españoles no mejoran o empeoran cada año, sino que la clave está en su poder de seducción, en que resulten atractivos, al fin y al cabo, en que se vendan bien. La industria cultural, además de ese halo de dignidad que posee y del enriquecimiento que otorga, mueve millones, así que resulta conveniente hacerle más caso. Doble motivación para los técnicos económicos que deciden qué sectores sufren recortes y cuáles no. Señores, la cultura es la identidad de un pueblo, necesaria para su desarrollo, para instaurar sus valores morales, pero ustedes, que saben aprovecharlo todo, también deberían saber que es una auténtica industria, que es un sector fuerte y que arroja cifras, datos y balances de esos que les gustan a ustedes y que nos sitúan en ránkings que sirven para ver quién la tiene más grande, la cultura digo. 





lunes, 5 de enero de 2015

Los precarios brotes verdes

El año 2014 se salda con 253.637 parados menos: ese es el dato final con el que hemos comenzado 2015, el dato definitivo, de balance anual, que hace referencia al empleo en 2014. No es un dato poco relevante, considerando que uno de los mayores problemas de España es su alto nivel de desempleo y las consecuencias que esto provoca en la economía del país. Sin embargo, a pesar de que el carácter positivo del dato es indudable (y más con los tiempos que corren), creo que este dato es incompleto, se queda huérfano, si no damos otros datos para completarlo; datos que, por ejemplo, nos arrojen cierta luz sobre que tipo de empleo se está creando, o sobre cómo afecta esta situación a la economía española, y no menos importante, cómo puede afectarla en un futuro.

Como decíamos, el dato del descenso del paro es un dato positivo, tan positivo que parece que estamos resolviendo el problema más acuciante de la economía española; sin embargo, estos ya anteriormente bautizados como brotes verdes, no creo que se correspondan para nada con la metáfora referida a las plantas y a sus brotes. Una planta (pequeña, grande... aunque en este caso y siguiendo con la metáfora se trata de un auténtico árbol) necesita unas bases, unos pilares, unas raíces que le permitan crecer, hacerse fuerte; sin sus bases, sin sus raíces, no es nada, y todo lo que nos parezca que es referido a su crecimiento no sería más que humo, espejismos sintomáticos de una esperanza más que necesaria, acuciante. Todos tenemos ganas de oír la buena nueva, de sentir que estamos saliendo de una situación desesperada, de ver esos brotes verdes, y el balance del empleo de 2014 tiene todas las características, en apariencia, de ser esa buena noticia que necesitamos; pero como ya he dicho, considero que nos hace falta información y datos para poder sacar algo en claro.


Los datos que propongo para completar la información son los siguientes: el 92,78% de los contratos que se produjeron el pasado mes de diciembre fueron temporales , mientras que el 40,4% de las contrataciones de los 11 primeros meses del año, de enero a noviembre, tuvieron menos de un mes de duración; a pesar de que diciembre presentaba un descenso histórico del paro, tan sólo un 7,21% de las contrataciones fueron con carácter indefinido... todos estos datos, que complementan sin duda al balance general del empleo en 2014, arrojan una conclusión que nada se le parece a esos brotes vedes de la metáfora del político retórico de la esperanza, y esa conclusión se puede resumir en una palabra: Precariedad.

Esta creación de empelo precario nos deriva, a su vez, dos nuevas conclusiones: la primera es que la creación de empleo no puede producirse a cualquier coste, pues todo aquel empleo cuyo apellido sea precariedad no será más que uno de esos espejismos que mencionábamos antes, un dato casi irrelevante; con el empleo precario no se sale de la crisis, no se puede salir, porque el empleo precario no se siente de forma positiva en la economía real de la gente, esto es, mantenemos la capacidad productiva sin atender a la economía real, la que importa al fin y al cabo; la otra consecuencia que se deriva es la que nos lleva directamente al futuro: ¿qué tipo de sociedad tendremos en un futuro? ¿qué tipo de empleo sostendrá la economía en un futuro?... y estas dos preguntas se pueden relacionar, volviendo a la metáfora, con las raíces, con las bases; el empleo precario no crea bases, pilares, no es sostenible en un futuro. La pérdida de derechos que supone la creación de este tipo de empleo, el precario, es una de las principales características que provoca la insostenibilidad de este tipo de empleo. 


sábado, 13 de diciembre de 2014

Cuando la seguridad se convirtió en mordaza

El pasado jueves 11 el Congreso de los Diputados aprobó la denominada Ley de Seguridad Ciudadana. El anteproyecto de la Ley y lo que ésta suponía lleva siendo objeto de debate y críticas mucho tiempo (aunque todavía no el suficiente, además de que se ha demostrado que las críticas de la ciudadanía no representan factores políticos de influencia para el Gobierno). Por eso no creo que pueda aportar nada nuevo a la más que sustentada crítica social y mediática (y eso que últimamente es raro que medios y sociedad coincidan), por ello, aconsejo para el que quiera informarse sobre todos los aspectos de la Ley la lectura de este artículo. Tampoco voy a centrarme en el hecho de que el PP haya aprobado esta Ley completamente solo, sin el respaldo de ningún otro político, que eso, independientemente de la mayoría absoluta que posee el PP en el Congreso de los Diputados y de lo "legitimados" que puedan estar, dice mucho de la nula pluralidad y consenso de esta Ley. Hoy solamente me voy a centrar en uno de los puntos que trata este nuevo texto que velará por nuestra seguridad: la legalización de las devoluciones en caliente de inmigrantes.

Dicha legalización permite a las fuerzas, de nuevo fuerzas de seguridad, todo es por nuestra seguridad, devolver de forma inmediata a cualquier inmigrante que salte la valla de Melilla. La legislación anterior, de acuerdo con el resto de legislaciones europeas y con la Declaración Universal de Derechos Humanos, obligaba a los países a ofrecer al inmigrante un asilo temporal donde se tratarían cuestiones como la de analizar cuál es el país de origen del inmigrante y cuáles son las circunstancias que obligaron al mismo a cruzar una frontera (jugándose la vida) de forma ilegal; así como si la vida del inmigrante corre peligro en su país de origen y por qué. Con esta nueva ley, esto se ha acabado; se le ha otorgado a las fuerzas de seguridad la potestad de pisotear los derechos humanos, de ser responsables de devoluciones masivas, de desatender el principio de dignidad, de cargarse la historia.


Da igual que el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, haya afirmado que esta medida contradice la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que prohíbe expresamente las expulsiones colectivas, este no es un país para los Derechos Humanos; da igual que provoque la repulsa de la mayor parte de la ciudadanía y que sea una de las leyes más impopulares de la historia, este país no es un país para la ciudadanía. Pero lo más grave de todo, lo más macabro, lo más goebbeliano es que la Ley se venda como una herramienta al servicio de la seguridad ciudadana, al servicio del bienestar. Creo que aquí hay una clara confusión de términos; el Gobierno no quiere seguridad para los ciudadanos, quiere estabilidad, quiere frenar la rebeldía ante las injusticias, quiere silenciar la protesta, quiere eliminar a la ciudadanía como actor político, agotar sus vías de participación, y de paso quiere que el pobre, el cual es más pobre que el pobre español, dejen de compartir causa, dejen de rebelarse contra un sistema injusto, dejen de entenderse y pasen a ser o enemigos o desconocidos, a creer que viven en realidades diferentes, cuando, salvando la diferencia de la gravedad, su problema es el mismo. 



martes, 2 de diciembre de 2014

Autocrítica social (más o menos)

"Los políticos son unos chorizos, no hacen otra cosa que robarnos", "votar no sirve de nada, son todos iguales"... estas dos frases, que resumen el pensamiento de otras cientos, miles de afirmaciones, representan el discurso más reiterado por la sociedad española. La sociedad española está desencantada con la política, es más, la sociedad española no cree en la política; muchos españoles incluso se autodefinen como "apolíticos" (como si esto fuera posible...). 


Sin embargo, tras todas estas críticas, tras este desencanto para con la política y los políticos, tras ser decepcionada la ciudadanía una y otra vez, en el único procedimiento, dado que el sistema de democracia representativa español así lo dictamina, donde los ciudadanos tienen un componente de decisión, que en la política es lo mismo que un componente de actuación y de acción, que son las elecciones, los resultados vuelven a ser los mismos. Hay un dicho popular que afirma que el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra; bien, pues en España no sólo tropezamos con la misma piedra, sino que la elegimos, la legitimamos, nos damos un buen golpe con el tropiezo, nos quejamos, nos levantamos (normalmente muy maltrechos), la volvemos a elegir y vuelve a iniciarse el proceso una y otra vez. Cuando un gobierno, sea del carácter que sea (aunque en la historia de la democracia española el carácter de los dos gobiernos suele tener un componente de igualdad bastante notable) está en el foco de las críticas sociales, levanta incluso el odio de una gran parte de la ciudadanía, es sometido a fuerte presiones sociales, en su último momento tira del último recurso, de su última gran arma, de su salvación, del argumento definitivo, que no es otro que el "estamos legitimados"; y lo peor de todo esto es que tienen razón.



No creo que la democracia sea votar cada 4 años, al igual que no creo que vivir es  que te lata el corazón, por ello no creo que, en determinadas circunstancias, que suelen ser justo las que se dan en  nuestro país, como que un gobierno incumpla su programa electoral o aplique medidas tan impopulares que provoquen movimientos sociales en masa y total descrédito, sirva el argumento de la legitimación; sin embargo, hay que reconocer que este argumento no es un argumento vacío. Las encuestas, años tras años, muestran la impopularidad, no sólo de los gobiernos, sino de la oposición y de los representantes de la política en general, una impopularidad que en ocasiones roza los límites del odio. Pero, y aquí comienza mi autocrítica como sociedad, estos partidos vuelven a ser votados, vuelven a gobernar y vuelven a estar legitimados cuando la situación de relación con los ciudadanos es insostenible. Hay quien también utiliza el argumento del "voto del pueblo es sagrado", argumento que es totalmente válido, casi perfecto, pero este argumento no es el objeto de mi crítica, mi crítica es más simple, casi como un proceso: votamos, nos quejamos, votamos, nos quejamos... y así pasamos la vida, dejando que nos lata el corazón, porque mientras lata el corazón significará que seguimos vivos. 



¿Por qué no probamos a votar de verdad, a quejarnos con absoluto derecho, a no caer en contradicciones, a romper las falsas legitimaciones? Hay quienes se amparan en la deshumanización de la política, que tratan de de separarla del hombre, pero eso es algo imposible, la política sin el hombre no es política, no es nada, no existiría. También están los que tratan de separar a los políticos de la ciudadanía, de deshumanizarlos, al igual que intentan hacer con la política, pero qué son los políticos, señores y señoras, sino el reflejo de la sociedad. ¿Deberíamos seguir echando balones fuera, deshaciéndonos de culpa, haciéndolo más "fácil" o deberíamos empezar a plantearnos que el problema es social, ciudadano, que está en esencia, en las bases y no en la cúpula? También sería conveniente plantearse si queremos seguir viviendo de latidos, o nos vamos a atrever a VIVIR de verdad.


martes, 18 de noviembre de 2014

CUANDO LA MEMORIA ES UN DELITO

En el año 1977, en el momento más reformista de la santa Transición española, se promulgó otra de esas leyes que a día de hoy siguen formando parte de las tablas de la ley divina, la Ley de amnistía; el motivo de esta ley, afirmaron y afirman muchos, fue el de la conciliación del pueblo español y el de la superación del odio que había generado la dictadura, larga dictadura, de Francisco Franco. Dicha ley posibilitaba, entre otras cosas, la salida de la mayoría de los presos políticos de las cárceles, presos que habían perdido su libertad por luchar, o simplemente discrepar con el régimen franquista. Al menos esto es lo que se dice...






Lo que no se dice es que en aquel momento en España la mayoría de amnistiados por la santa ley no iban a ser presos políticos; lo que no se dice, es que esta ley no era una ley de amnistía para los presos políticos, una ley del perdón y la conciliación con la izquierda, sino que esta ley iba a ser una ley de amnistía general, donde los más favorecidos iban a ser aquellos que más y peores delitos habían cometido, aquellos que usaron hasta la saciedad la tortura, que fusilaron (firmar un fusilamiento solo se diferencia de apretar el gatillo en que es más burocrático), que metieron en las cárceles a aquellos que pensaban en libertad. La ley de amnistía es el perdón forzado de los franquistas, es la reinserción de los mismos, pero sin cumplir condena, sin estar reinsertados. Lo curioso de esta Ley es que aunque se hable de ella en pasado, más que nada porque pertenece al pasado, no podemos permitirnos el lujo de olvidarla, dado que sus consecuencias políticas y su vigencia perdura hasta el día de hoy, como la losa más pesada.



Con esta Ley como arma, el Gobierno español le ha denegado a la justicia argentina la extradición y el juicio de 20 cargos franquistas, entre los que se hayan políticos del régimen que firmaron penas de muerte, así como ejecutores y torturadores del mismo. El motivo, la Ley misma, la cual otorga una amnistía a estos 20 cargos, haciendo que sus delitos (delitos demostrados y comprobados) prescriban. Hoy no hablaremos del por qué debe ser la justicia de otro país, de otro continente, la que intente perseguir delitos contra la humanidad o de por qué en España se proteja y ampare a las personas que cometieron dichos delitos; ni tampoco de los cadáveres de republicanos y opositores al régimen franquista que siguen en las cunetas de nuestras carreteras, ni de las pagas de Suárez, ni de Fraga, ni de Cebrián... estamos hablando de algo más simple, pero que dentro de su simpleza, explica el resto de cosas.



Aquellos santos políticos de nuestra divina Transición impusieron un perdón obligado, concedieron una amnistía imposible (no puede existir ningún tipo de amnistía en delitos de lesa humanidad, por lógica jurídica, por coherencia) que pesa en la historia española a día de hoy. Muchos son los que hablan de que la divina Ley sirvió para cerrar viejas heridas, para reconciliar a un pueblo; lo que quizá no sepan, o no digan, es que no había que reconciliar a ningún pueblo, no había un enfrentamiento entre un pueblo, las "dos españas" murieron con la muerte, el asesinato, de la República; el pueblo pasó a ser uno, un pueblo maltratado, asesinado, torturado por una clase de opresores, los cuales fueron amnistiados (por ellos mismos). La salida negociada del franquismo, también llamada Transición, tuvo como primera consecuencia el abrir una herida histórica más profunda que nunca, más que cualquier otra; la del perdón forzado, la de poner una losa sobre aquellos que ya no podían moverse y que yacen en cunetas, la de no dejar actuar a la justicia, porque eso es indiscutible, siempre hemos sido un país de injustos.








martes, 11 de noviembre de 2014

Concepto: La clase política.

Operación Madeja, operación pokémon , caso Gürtel... todos los días nos levantamos con la actualidad de estos casos con nombres extraordinarios y ridículos; nombres que no son otra cosa que las distintas partes de un entramado de corrupción, de una clase política que ha transformado España en un país corrupto.

Esta transformación ha dado lugar a un imaginario colectivo, el español, que, de alguna manera, ha empezado a "aceptar" este sistema corrupto y esta suerte de robo, prevaricación  y corrupción. La clase política, al menos la que comete estos delitos, se siente empoderada, endiosada, impune, ante esta situación, pues no ha habido castigos ejemplares ni medidas notorias que paralicen esta situación. El imperdonable delito de pervertir lo público, de utilizarlo para fines personales, los cuales directa o indirectamente lleva a fines económicos, ha empezado a hastiar a una población humillada y traicionada por su clase política; el surgimiento de "clase política" diferenciada de los ciudadanos ya está más que consolidado, el hecho de no considerar a los políticos como ciudadanos, o al menos como aquella gente que sirve a lo público (que es la definición fáctica de político) es una realidad palpable, tan palpable como el cansancio y el sentimiento de traición de una población que ha perdido su confianza en esa clase política.

No sabemos si la "nueva ruptura democrática" que proponen las nuevas fuerzas acabará pervirtiéndose y convirtiéndose en clase política, lo que si sabemos es que estas nuevas fuerzas tienen las manos limpias, luego son más políticos que todos aquellos que llevan años gestionando lo público, lo nuestro, lo de todos.