Ayer, 2 de
noviembre, murió en Madrid a los 79 años el escritor peruano Mario
Vargas Llosa. El novelista y ensayista hispanoamericano está
considerado como uno de los autores contemporáneos más importantes,
cuya obra ha sido reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de
las Letras (1986) y el Premio Nobel de Literatura (2010). El autor
deja un legado en el que se incluyen varias de las obras literarias
más importantes de la contemporaneidad, como La Ciudad y los
perros (1962), Conversación en la Catedral (1969) o La
fiesta del chivo (2000).
Vargas
Llosa, hijo único, nació en el seno de una familia de clase media
en la ciudad peruana de Arequipa. Estudió en un colegio militar,
situación que le marcaría y que impregnaría su primera obra, La
Ciudad y los Perros, donde el autor muestra con un descarado
sentido de la realidad cómo influyen en la formación y conformación
de la persona, la persona adulta, todas y cada una de las
experiencias vividas, a través del ejemplo de varios niños que
estudian en un colegio militar regido por una agresiva disciplina
propia de la época y que luego se incorporan y pasan a formar parte
de la sociedad civil. Escritor contemporáneo en el mayor sentido de
la palabra, capaz de beber en las fuentes y mezclar los géneros de
autores tan dispares como Flaubert, William Faulkner o Gabriel García
Márquez, fue uno de los defensores de la novela total y el encargado
de dar el pistoletazo de salida a lo que se dio a conocer como el
Boom literario latinoamericano, la etapa dorada de latinoamércia en
cuanto a producción y calidad de obras literarias. Vargas Llosa
también fue un maestro a la hora de describir realidades a través
de historias ficticias, en su caso realidades históricas como las de
su Perú natal o la de República Dominicana, esta última fielmente
reflejada en la obra La fiesta del chivo, donde hace gala de
su estilo fusionando elementos de la realidad recogidos en documentos
históricos con otros cuya única fuente residía en su imaginación.
Escritor polifacético, también se atrevió a literalizar el amor,
creando, a través de su novela Travesuras de la niña mala, una
versión del amor alejada del idealismo, donde el sufrimiento es
parte inevitable de un sentimiento que es positivo y negativo a
partes iguales.
Además
de su calidad y su maestría como autor, Vargas Llosa pasará a la
historia por su elegancia, sobriedad y sus buenas maneras que no le
impedían hacer una crítica mordaz y, en ocasiones, agresiva hacia
ideologías que no compartía. Verso político suelto entre
escritores de izquierdas (era el único liberal), mantuvo una
relación de admiración y animadversión hacia su mentor, amigo,
enemigo y rival político y literario, Gabriel García Márquez,
también fallecido. Tras la muerte de Gabo, y con la sobriedad que le
caracterizaba, Vargas Llosa escribió públicamente en el diario El
País sus condolencias a la familia de García Márquez, del que dijo
que siempre se recordarían sus obras. La teoría de la vida eterna
es más probable entre los genios que en ningún otro ámbito, ya que
sus obras, las del genio literario Vagas Llosa, el detonante del Boom
latinoamericano, perdurarán y harán disfrutar a todas las
generaciones venideras que podrán conocer al autor a través de su
literatura.
'Este
es un obituario ficticio realizado como práctica para la asignatura
de Periodismo especializado en ciencia y cultura'.
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