domingo, 15 de noviembre de 2015

Escritores frustrados

Trabajo correspondiente a la presentación del libro La Sombra Blanca de Carlos Fidalgo el día 12 de noviembre.

La sombra blanca, así se llama la segunda novela del escritor y periodista leonés Carlos Fidalgo. Siempre resulta algo extraño, al menos para mí, catalogar a una persona que además de trabajar en un medio de comunicación, de informar, escribe libros, como "escritor y periodista". Recientemente tenemos el ejemplo de una periodistas a la que se le ha dado el Premio Nobel de Literatura, el máximo galardón de los escritores (de libros, de literatura). Hace algunos años, un profesor de literatura de la Facultad de Ciencias de la Información (vaya, de nuevo litratura y periodismo juntos, esta vez en un edificio), explicó que la diferencia entre lo que era literario y lo que no lo era reside en que lo primero siempre es ficticio, es decir, que una obra es literaria cuando su contenido es ficcionado. Sin embargo, he de decir, y de hecho dije, que no me gustaba la idea, intrínseca en el argumento del profesor, de dejar fuera de la literatura obras como las de Truman Capote o algunas de Gabriel García Márquez; su respuesta fue tajante: "los periodistas son escritores frustrados".

Carlos Fidalgo, veterano periodista del Diario de León, acostumbrado a trabajar con la realidad más pura que supone el material informativo de un periódico de provincias (en este caso de comarca, porque escribe información sobre el Bierzo), presentó el día 12 de noviembre su segunda novela, La Sombra Blanca. Fidalgo ya había ganado el premio Tristana de novela fantástica con su primera obra, El agujero de Helmand. Aquí se puede encontrar el primer choque entre la teoría y la práctica, que suele ser lo mismo que la diferencia entre lo que dice un profesor y lo que te encuentras en la vida real; un redactor de un periódico de provincia escribe dos novelas de fantasía y están bien escritas (recordemos que ganó el premio a la mejor novela fantástica). ¿Contradicción?, no lo creo. Se de buena tinta que es un magnífico periodista, un profesional de la información capaz de utilizar la fórmula de la pirámide invertida como lo haría el propio Martínez Albertos, a la vez que se, por sus novelas, que es capaz de inventarse historias de fantasmas, con tonos románticos, repletas de soldados muertos en la Guerra de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial que vuelven como espíritus y haciendo unas descripciones y empleando un estilo propio del momento, un tono literario. En la presentación del libro le hicieron dos preguntas que, en mi opinión, fueron claves para entender por qué mi profesor de literatura, en la facultad de periodismo, se equivocaba. En la primera le preguntaron si se había servido de su experiencia periodística para recopila información o estructurar la novela; su respuesta fue clara, "es una novela fantástica, inventada, no tiene nada que ver con un trabajo periodístico". En la segunda intentaron que mezcalara sus dos posiciones, preguntándole cuánto había de periodístico en su novela, ante lo que Fidalgo fue tajante: "Si tratara de ser escritor escribiendo información, el periodismo sólo me calmaría las cosquillas, no podría dedicarme a ello".


Sin duda, el periodismo y la literatura son dos oficios difrentes, en existencia y en esencia, que sólo comparten la mecánica, la herramienta, la escritura, y que aún así es una herramienta muy diferente. Pero que un periodista como Fidalgo gane un premio de novela fantástica, en un país dominado por la literatura realista, donde las historias románticas de fantasmas de Zorrilla y Tirso son famosas, pero marginales respecto al vanagloriado Galdós y su realismo, tiene mérito. No creo que los periodistas sean escritores frustrados, es más, creo en la fusión de géneros y sobre todo en la sinergia de los mismos, porque ¿qué fue A sangre fría, la Non-fiction novel de Capote, sino un intento (muy exitoso) de tratar de rescatar al periodismo de sus fórmulas repetitivas? Ojalá más "escritores frustrados"

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