El año 2014 se salda con 253.637 parados menos: ese es el dato final con el que hemos comenzado 2015, el dato definitivo, de balance anual, que hace referencia al empleo en 2014. No es un dato poco relevante, considerando que uno de los mayores problemas de España es su alto nivel de desempleo y las consecuencias que esto provoca en la economía del país. Sin embargo, a pesar de que el carácter positivo del dato es indudable (y más con los tiempos que corren), creo que este dato es incompleto, se queda huérfano, si no damos otros datos para completarlo; datos que, por ejemplo, nos arrojen cierta luz sobre que tipo de empleo se está creando, o sobre cómo afecta esta situación a la economía española, y no menos importante, cómo puede afectarla en un futuro.
Como decíamos, el dato del descenso del paro es un dato positivo, tan positivo que parece que estamos resolviendo el problema más acuciante de la economía española; sin embargo, estos ya anteriormente bautizados como brotes verdes, no creo que se correspondan para nada con la metáfora referida a las plantas y a sus brotes. Una planta (pequeña, grande... aunque en este caso y siguiendo con la metáfora se trata de un auténtico árbol) necesita unas bases, unos pilares, unas raíces que le permitan crecer, hacerse fuerte; sin sus bases, sin sus raíces, no es nada, y todo lo que nos parezca que es referido a su crecimiento no sería más que humo, espejismos sintomáticos de una esperanza más que necesaria, acuciante. Todos tenemos ganas de oír la buena nueva, de sentir que estamos saliendo de una situación desesperada, de ver esos brotes verdes, y el balance del empleo de 2014 tiene todas las características, en apariencia, de ser esa buena noticia que necesitamos; pero como ya he dicho, considero que nos hace falta información y datos para poder sacar algo en claro.
Los datos que propongo para completar la información son los siguientes: el 92,78% de los contratos que se produjeron el pasado mes de diciembre fueron temporales , mientras que el 40,4% de las contrataciones de los 11 primeros meses del año, de enero a noviembre, tuvieron menos de un mes de duración; a pesar de que diciembre presentaba un descenso histórico del paro, tan sólo un 7,21% de las contrataciones fueron con carácter indefinido... todos estos datos, que complementan sin duda al balance general del empleo en 2014, arrojan una conclusión que nada se le parece a esos brotes vedes de la metáfora del político retórico de la esperanza, y esa conclusión se puede resumir en una palabra: Precariedad.
Esta creación de empelo precario nos deriva, a su vez, dos nuevas conclusiones: la primera es que la creación de empleo no puede producirse a cualquier coste, pues todo aquel empleo cuyo apellido sea precariedad no será más que uno de esos espejismos que mencionábamos antes, un dato casi irrelevante; con el empleo precario no se sale de la crisis, no se puede salir, porque el empleo precario no se siente de forma positiva en la economía real de la gente, esto es, mantenemos la capacidad productiva sin atender a la economía real, la que importa al fin y al cabo; la otra consecuencia que se deriva es la que nos lleva directamente al futuro: ¿qué tipo de sociedad tendremos en un futuro? ¿qué tipo de empleo sostendrá la economía en un futuro?... y estas dos preguntas se pueden relacionar, volviendo a la metáfora, con las raíces, con las bases; el empleo precario no crea bases, pilares, no es sostenible en un futuro. La pérdida de derechos que supone la creación de este tipo de empleo, el precario, es una de las principales características que provoca la insostenibilidad de este tipo de empleo.
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