En el año 2013 las exportaciones de productos culturales en España volvieron a superar a las importaciones tras nueve años de “supremacía importacional” (no tiene nada que ver con “importante”, sino con “importaciones”). Es un dato bastante curioso, teniendo en cuenta que la visión palpable, la del día a día, no hace referencia a la cantidad de productos culturales que exporta España, y que han resultado ser bastantes, más de lo que se importa. En ese año, el 2013, se exportaron productos por una cantidad de 703,4 millones de euros, mientras que la cifra de productos culturales importados de otros países ascendió a los 666,9 millones; no hay una gran diferencia entre importaciones y exportaciones, pero ahí está el dato. El territorio donde más productos exportamos es la Unión Europea (51,2%), seguido de Iberoamérica (27,14%), el resto de países (13,7%) y Estados Unidos (7,7%). Las importaciones responden o siguen un cierto carácter de feedback, de “si tú me compras, yo te compro” y arrojan que los países de donde más productos importamos pertenecen a la Unión Europea (74,6%); aunque de Iberoamérica sólo importamos el 1,1%, menos que de los Estados Unidos (4,9%), pero esto, sin duda, tiene que ver con que la primera potencia mundial no es sólo una potencia económica, sino que es la mayor fábrica de productos del mundo, la capital de las exportaciones, la capital de la globalización. Iberoamérica es otro territorio del que no podemos sacar una conclusión sobre sus importaciones y exportaciones culturales sin antender a su contexto y al hecho de que esté constituida por países emergentes, por debajo de la media económica y con muchos conflictos por resolver (lo que se ha dado a conocer como el deshielo cubano no sólo es un término político, sino que los mercados lo pueden hacer suyo en la misma medida).
Sin embargo, después de toda esta vomitona de datos económicos, fruto de las arcadas porcentuales de términos como importación y exportación, una cosa está clara: es un buen dato que España vuelva a exportar más de lo que importa, que su saldo sea positivo, que la economía mejore y que ese dato demuestre, aunque sea de forma indirecta, que la cultura española es, cuanto menos, atractiva, fiable y de buena calidad. Los datos y las cifras son las células del mercado, necesarias para poder invertir o no, importar o no, o exportar o no; y aunque pueda resultar anecdótico y hasta engañoso que los productos culturales españoles mejoren sus cifras, es algo importante, porque esa es la magnitud referencial del mundo, de los mercados: las cifras. Quizá pueda ser tachado de espiritualista cultural, si es que existe tal calificativo, pero considero que toda la cultura (lo que pueda ser catalogado como cultura), es positiva y que los productos culturales españoles no mejoran o empeoran cada año, sino que la clave está en su poder de seducción, en que resulten atractivos, al fin y al cabo, en que se vendan bien. La industria cultural, además de ese halo de dignidad que posee y del enriquecimiento que otorga, mueve millones, así que resulta conveniente hacerle más caso. Doble motivación para los técnicos económicos que deciden qué sectores sufren recortes y cuáles no. Señores, la cultura es la identidad de un pueblo, necesaria para su desarrollo, para instaurar sus valores morales, pero ustedes, que saben aprovecharlo todo, también deberían saber que es una auténtica industria, que es un sector fuerte y que arroja cifras, datos y balances de esos que les gustan a ustedes y que nos sitúan en ránkings que sirven para ver quién la tiene más grande, la cultura digo.
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