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sábado, 13 de diciembre de 2014

Cuando la seguridad se convirtió en mordaza

El pasado jueves 11 el Congreso de los Diputados aprobó la denominada Ley de Seguridad Ciudadana. El anteproyecto de la Ley y lo que ésta suponía lleva siendo objeto de debate y críticas mucho tiempo (aunque todavía no el suficiente, además de que se ha demostrado que las críticas de la ciudadanía no representan factores políticos de influencia para el Gobierno). Por eso no creo que pueda aportar nada nuevo a la más que sustentada crítica social y mediática (y eso que últimamente es raro que medios y sociedad coincidan), por ello, aconsejo para el que quiera informarse sobre todos los aspectos de la Ley la lectura de este artículo. Tampoco voy a centrarme en el hecho de que el PP haya aprobado esta Ley completamente solo, sin el respaldo de ningún otro político, que eso, independientemente de la mayoría absoluta que posee el PP en el Congreso de los Diputados y de lo "legitimados" que puedan estar, dice mucho de la nula pluralidad y consenso de esta Ley. Hoy solamente me voy a centrar en uno de los puntos que trata este nuevo texto que velará por nuestra seguridad: la legalización de las devoluciones en caliente de inmigrantes.

Dicha legalización permite a las fuerzas, de nuevo fuerzas de seguridad, todo es por nuestra seguridad, devolver de forma inmediata a cualquier inmigrante que salte la valla de Melilla. La legislación anterior, de acuerdo con el resto de legislaciones europeas y con la Declaración Universal de Derechos Humanos, obligaba a los países a ofrecer al inmigrante un asilo temporal donde se tratarían cuestiones como la de analizar cuál es el país de origen del inmigrante y cuáles son las circunstancias que obligaron al mismo a cruzar una frontera (jugándose la vida) de forma ilegal; así como si la vida del inmigrante corre peligro en su país de origen y por qué. Con esta nueva ley, esto se ha acabado; se le ha otorgado a las fuerzas de seguridad la potestad de pisotear los derechos humanos, de ser responsables de devoluciones masivas, de desatender el principio de dignidad, de cargarse la historia.


Da igual que el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks, haya afirmado que esta medida contradice la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que prohíbe expresamente las expulsiones colectivas, este no es un país para los Derechos Humanos; da igual que provoque la repulsa de la mayor parte de la ciudadanía y que sea una de las leyes más impopulares de la historia, este país no es un país para la ciudadanía. Pero lo más grave de todo, lo más macabro, lo más goebbeliano es que la Ley se venda como una herramienta al servicio de la seguridad ciudadana, al servicio del bienestar. Creo que aquí hay una clara confusión de términos; el Gobierno no quiere seguridad para los ciudadanos, quiere estabilidad, quiere frenar la rebeldía ante las injusticias, quiere silenciar la protesta, quiere eliminar a la ciudadanía como actor político, agotar sus vías de participación, y de paso quiere que el pobre, el cual es más pobre que el pobre español, dejen de compartir causa, dejen de rebelarse contra un sistema injusto, dejen de entenderse y pasen a ser o enemigos o desconocidos, a creer que viven en realidades diferentes, cuando, salvando la diferencia de la gravedad, su problema es el mismo. 



jueves, 4 de diciembre de 2014

La dictadura del reaccionariado

Voy a ser franco, directo, sin demasiados rodeos esta vez. Esto no es una defensa a ultranza de la piratería, tampoco creo que sea una expresión del hartazgo, casi a modo de explosión, de una persona que se acaba de encontrar con la situación de que están cerrando todos los sitios web gestores y clasificadores de enlaces que llevan a contenidos multimedia, también conocidas como "las páginas donde se ven pelis" (series.ly, películaspepito...).; lo cual no quiere decir que no haya ciertos componentes de todo eso en esta entrada.


Efectivamente, el Gobierno ha elaborado una Ley, el pasado 5 de noviembre, llamada Ley de Propiedad Intelectual. Podéis empezar a calificar esto de comunista, socialista, loco, delincuente... o todo al mismo tiempo, pues mi blog, que forma parte de mi propiedad intelectual, si que es libre, se hace para que se lea (el que quiera leerlo) y para ser sometido a críticas (el que quiera criticar); porque nuevamente volvemos a remarcar como la esencia de una Ley la propiedad, esta vez la intelectual, pero la propiedad. Eso de que el comunismo es el reparto equitativo de la miseria, que pretende abolir la propiedad de todos y mantener una sociedad de la propiedad común, quizá lo explicaremos y desmontaremos otro día, aunque no creo que quepa en un post, pero repito, esto no es un soviet-post, ni un manifiesto ideológico y voy a explicar por qué.



Todos sabemos que las leyes sirven para algo, al menos eso pienso yo, es mi lógica; mi lógica me dice que si queremos mantener una sociedad y vivir en ella es necesario establecer unos derechos y unos deberes, unas limitaciones para que esto sea posible, y poder convivir salvando las diferencias de cada uno a la vez que cubrimos las necesidades; y para esto, en teoría, están las leyes. Hasta ahí todo correcto. Hay quien puede pensar que todos aquellos que accedemos a estas páginas de enlaces a contenidos web somos unos delincuentes y que deberíamos ir al cine, consumir estos productos de propiedad intelectual de forma legal y alejarnos de la delincuencia y la masonería; bien, estoy de acuerdo, soy el primero que me gustaría tener toda mi colección musical en bonitos CD´s con fotos de conciertos, letras de canciones y portadas como la de Robe Iniesta disfrazado de Jesucristo, por no decir que a mi, particularmente, me encanta ir al cine, cuya pantalla y sonido me parecen (igual no es el caso de todos) mejor que la de mi ordenador. El problema no es que a todos los consumidores de propiedad intelectual ilegal (vamos a llamarla así) les encante este mundo y se les dispare la adrenalina cada vez que se descargan una película o una canción, tampoco es nada gratificante al menos para mí, que un grupo de música o un actor "pierda" dinero con mis descargas, esto no es Diario de un rebelde.  






El problema, una vez más, es la economía, es el sistema, son los mercados (de ahí que habilite las críticas relacionadas con ideólogos del siglo XIX y sus manifiestos). Los precios de todos estos productos son abusivos, lejos de la frontera de consumo de la mayoría de la población, lejos de la población. El día que se establezcan unos precios respetables, y con respetables me refiero a la lógica de que estos productos puedan ser pagados y consumidos por la mayoría, la piratería no desaparecerá, pero al menos quedará relegada y supeditada al mercado real, casi marginada. Porque a la gente le gusta consumir el producto con todos los "pluses" y los añadidos que le da el mercado y el consumo legal. Porque hoy en día, y se que no me equivoco, la gente que accede a estos contenidos piratas representan a la gran mayoría, y lo raro, lo marginado, lo que es minoría, el "de vez en cuando" se corresponde con lo consumido de forma legal. 


El Gobierno, una vez más, legisla para los mercados, subiendo el IVA de los productos de propiedad intelectual, dejando el establecimiento de precios de forma casi completa a las grandes multinacionales, siendo el criado de los mercados y las multinacionales, dejando claro que los gobiernos no son el poder, son las herramientas del verdadero poder, los mercados, las multinacionales (Europa es la utopía de las multinacionales, un territorio donde los países se pelean por atraer a las grandes empresas y que rivalizan por ver quien tiene los salarios más bajos, el despido más barato, los menores impuestos o la mayor autonomía para establecer precios). Todo esto, podría ser considerado en términos "marxistas", como la dictadura del reaccionariado, aquellos que se oponen al progreso, que fomentan la desigualdad, que relegan a la delincuencia y al "mercado negro"  la propiedad intelectual, que desean conquistar el espacio donde parecía que la igualdad tenía una cierta esperanza, pequeña, pero cierta, internet.