La Real Academia Española de la lengua (RAE) define lobby como "aquel grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses"; la RAE es una herramienta de la retórica, de la teoría, evidentemente no puede reflejar toda la realidad, pues su canal o vía por excelencia es la definición, y las definiciones exactas no existen en la realidad. Con estos tres elementos, "grupo de personas influyentes", "presión" e "intereses" tenemos el esqueleto o la esencia del lobby, elementos, que por separado y en una definición de la RAE casi no surten ningún efecto común, ninguna reminiscencia, pero que juntos nos evocan, sin duda alguna, la palabra poder. Cuando hablamos de poder político, que es el poder de organización y administración de lo común, de lo de todos, la palabra lobby cobra una importancia vital, pues los lobbies serían aquellos grupos de personas influyentes que presionan en favor de unos intereses a aquellos que gestionan lo de todos, la política; está claro que darle un rumbo a la gestión pública en favor de unos intereses particulares, por muy influyentes que sean, es una cosa que se podría definir, en el sentido más simple, como mala, negativa; es decir, tendría un sentido peyorativo. Sin embargo, hay quienes quieren normalizar la figura del lobby, despojarla de su sentido peyorativo y hasta darle incluso uno positivo; podemos ver un claro ejemplo en este vídeo:
En este vídeo, se nos muestra a la figura del lobby como unos amables grupos de presión, representantes de la sociedad (la enfermera, el albañil...) que charlan con el político de turno con el bondadoso objetivo de que el susodicho (al que le gusta el fútbol, por si no os quedó clara la conclusión del vídeo) lleve sus peticiones al lugar donde se gestiona lo público (sea al nivel que sea) y así todos salgan ganando. Sin embargo, es evidente que aquí hay una serie de errores, evidentemente no planeados, los cuales intentaré poner de manifiesto: primero, es evidente, y esto no lo digo yo, sino que lo dice la propia definición, que un albañil y una enfermera no son un grupo de presión, luego no son demasiado influyentes; lo segundo es el tema de la negociación entre los amables lobbies y el político; esta negociación representada por puntos y rayas, suele ser en fiestas de lujo en hoteles o en despachos impecables y limpios, con ingentes cantidades de dinero, yo pongo los elementos, vosotros imaginad, allá cada uno con su mente.
Los lobbies, amigos míos, y por mucho que lo intenten mediante amables vídeos, no podrán ser despojados de su sentido peyorativo, simplemente porque su existencia es negativa en sí. Los lobbies son grupos de presión, los cuales están constituidos por grandes empresas privadas, multinacionales, que son influyentes, sí, pero no por su don de comunicarse con puntos y rayas, sino porque tienen mucho dinero, el cual utilizan para influir en las decisiones de una persona con poder de gestión en lo público, es decir, el político, y esto se llama corrupción, soborno. Los lobbies son aquellos grupos que logran que en la eurocámara se vote en contra de una ley para proteger la alimentación saludable de una población, pero también son los que consiguen que el precio de los medicamentos suba y suba (por no estar su precio regulado por una ley, es decir, a total disposición de las empresas farmacéuticas) o que no existan leyes para favorecer el libre mercado y la libre competencia. Lo peor de todo es que estos intentos por normalizar al lobby y quitarle su sentido peyorativo están dando sus frutos, logrando que en EE.UU se reconozca la actividad del "lobbying", que es lo mismo que decir "estamos influenciados por empresas privadas y legislamos a conveniencia de los mismos". Después del ilustrativo vídeo sobre los lobbies albañiles, aquí os dejo otro; juzgad vosotros cual se adecua más a la realidad:
