jueves, 11 de diciembre de 2014

Víctimas

"Esta semana hemos visto a varios terroristas de ETA salir de las cárceles... ¿estará usted de enhorabuena, no?"  

Esta pregunta era lanzada el pasado viernes 5 de diciembre por Sergio Martín, presentador del programa de televisión de la cadena pública 24h de TVE en una entrevista al líder de Podemos, Pablo Iglesias. Ya no vamos a hablar de si es políticamente correcto, de si rompe los códigos deontológicos de la profesión periodística o de si Pablo Iglesias estaba de enhorabuena ese día (en todo caso lo estaría tras humillar a Sergio Martín en una entrevista donde el "periodista" hizo de todo menos periodismo y donde le entregó su cabeza en bandeja al líder de Podemos con esa pregunta). Esto no se trata de Podemos, de Pablo Iglesias, del populismo o de ideologías, efectivamente, y aunque cueste reconocerlo hay facetas de la vida donde hablar de ideología es inútil, al menos hablar de derechas e izquierdas, la simplificación más "fácil" de ideología. Está campando a sus anchas en España lo que vamos a denominar muy suavemente como costumbre muy fea, y aunque somos un país de costumbres feas, ésta es demasiado fea hasta para España.

En el ataque masivo a Podemos que estamos viviendo en España, no porque este partido, y es una opinión, sea particularmente excepcional y perfecto, sino porque la política institucional lo ha hecho tan sumamente mal que el miedo a una ruptura crece sin mesura, y más cuando Podemos representa esa ruptura, ha vuelto a surgir la forma definitiva de la guerra sucia, lo ruin por excelencia, el último recurso del luchador moribundo, la etacización; este nuevo, pero nada raro concepto, es muy simple y responde a lo siguiente: cuando, en una batalla dialéctica, directa o indirecta, sea una discusión, dos campañas que se enfrentan, un debate... uno de los individuos, el más ruin y rastrero, se encuentra con la absoluta certeza de que su oponente lo está destrozando dialécticamente, utiliza un recurso que no es nada más ni nada menos que relacionar a su oponente, de alguna manera, con el grupo terrorista ETA. El efecto es muy simple, ETA es una banda terrorista que ha causado mucho daño en este país, luego es lógico que la reacción de la gente ante la misma sea, como poco, de rechazo; el usuario de la etacización logra relacionar, de alguna manera, la que sea, a su oponente con ETA, haciendo una comparación entre el mismo y la banda terrorista y buscando que el rechazo que la banda provoca en la gente se adhiera, casi como un moco, a su oponente.

Da igual que esto sea mentira, da igual lo que el oponente defienda (que, efectivamente, en raras-nulas ocasiones es ETA), el objetivo es claro, matar sin argumentos, dar una estocada mortal, provocar rechazo. Lo malo de todo esto es que el recurso usado, en última instancia, por Sergio Martín, no puede ser admitido. Estoy un poco harto ya de que se utilice el argumento del dolor de unas víctimas y el asesinato como arma dialéctica arrojadiza, al igual que estoy un poco harto de que se intenten ganar elecciones utilizando este mismo dolor. Jugar con este asunto es macabro, perverso, es la utopía del paradigma, tratar de mostrar a tu oponente como un insensible ante este tema, el cual apoya según la etacización, a la vez que la insensibilidad y lo macabro se muestra en el momento en que alguien lo utiliza y se intenta posicionar como defensor de las víctimas (la palabra más utilizada en este proceso) y como adalid ante el dolor.

El tema ha sucumbido tanto a su macabra banalización por parte de estos sujetos que se han llegado a decir cosas como que: "el aborto tiene algo que ver con ETA", o que el líder de una fuerza política que amenaza con hacer temblar los cimientos de la política institucional es un etarra. Basta ya de "enhorabuenas", basta ya de utilizar el dolor como arma política, basta ya de banalizar este tema, basta ya de gente como Sergio Martín. 


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