Decía Pablo Neruda que la risa es el lenguaje del alma, por eso, quizá a todos aquellos que no tienen alma, que se creen que el alma no pertenece a la persona, sino a fuerzas superiores creadoras y configuradoras de mundos inferiores, que desprecian la libertad de "manejar" el alma, no les gusta la risa, porque tampoco les gusta la libertad. Tampoco le ha gustado nunca demasiado la risa al poder, por suponer la risa uno de las mayores acciones o representaciones de la libertad de expresión, pues qué es el humor, sino uno de los principales síntomas de libertad. Es también enemiga la risa de la ignorancia, del ocultismo, de la esclavitud, de la violencia... tantos enemigos se ha ganado la risa como la libertad, porque es imposible entender la una sin la otra, la consecuencia sin la causa.
La revista satírica francesa Charlie Hebdo ha sido la última, aunque no la única, defensora del humor y de la libertad de expresión atacada por la extrema violencia y los fanatismos, por aquellos enemigos de la risa. Su "pecado", o el leitmotiv del ataque que se ha saldado con 12 muertos fue la publicación de dibujos y viñetas satíricas de Mahoma y de aspectos relacionados con el islamismo radical y el denominado Estado Islámico. Decía Karl Marx que la religión es el opio del pueblo, un síntoma del nihilismo de las vidas humanas, el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu... por eso, todas aquellas personas que relegan su vida, que entregan su vida a la religión, subordinando aspectos como la libertad, el respeto o la igualdad, se ven brutalmente heridas, atacadas, cuando se pone en duda su forma de vida, la causa por la que creen que les late el corazón, aunque este "ataque" venga del cañón de plástico del humor.
Charlie Hebdo se mofaba de la violencia, se mofaba de los fanatismos, de los enemigos de la libertad de expresión, y estos enemigos trataron de matar el humor, pero el humor es inmortal, se fortalece con cada ataque, porque cada ataque le recuerda su esencia, el por qué de su existencia, su ser. No podemos caer en el sinsentido de poner nombres y apellidos a la violencia extrema y los fanatismos, pues este virus, maldición, cambia de nombre a placer, se desarrolla y echa raíces en todos aquellos lugares abonados por la ignorancia, por el nihilismo y la opresión, por el odio. Nada ha aprendido el "culto", viejo y poderoso occidente acerca de erradicar el odio y la violencia, sino que se ha mostrado como la principal fábrica de este odio, su sembrador más experto.
Sin embargo, y a pesar de la tragedia, el humor no necesita consuelo, no descansa, debe contraatacar, fortalecerse, en las plumas más ingeniosas, en la risa provocada por el humor más ácido, en sátiras, burlas... debe seguir hiriendo a la violencia, tenemos que seguir riéndonos, lanzando carcajadas, el grito más fuerte, espasmódico, incontrolable y espontáneo de la libertad.